sábado, 13 de enero de 2018

SANTIAGO LÓPEZ PETIT, Hijos de la noche.

Este libro es una autobiografía del autor en la que describe los efectos de la enfermedad que padece y su desesperación. El primer capítulo, “La enfermedad” es el más autobiográfico, en él López Petit relata el proceso de demolición y el intento de controlarlo (p. 13): dolor, cansancio, ausencia de sueño… La ausencia de no dolor, la rara somnolencia, provoca que la noche del malestar se instale en él. La noche provoca que no reconozca su cuerpo, que se desdoble en otro cuerpo: hay un intruso que duerme en él.


El autor reflexiona y considera que en el fondo, soy el propio culpable de mi sufrimiento. No encajo en este mundo. No quiero encajar en este mundo (22).
Para López Petit cada sociedad tiene sus enfermedades. En la época global, el malestar social es la enfermedad que acusa a esta sociedad de ser opresiva, huera, descarnada e injusta. Es un estar-mal que se manifiesta en una multitud de enfermedades indefinidas y generalizadas. López Petit las denomina enfermedades del vacío como la depresión, la ansiedad, la anorexia; enfermedades del sistema inmunológico como la fatiga crónica, la fibromialgia, la sensibilización química múltiple… El malestar social tiene la misma referencia: querer vivir y no poder (71). Tengo varias amigas y conocidas, todas mujeres, que tienen alguna de estas enfermedades del estar-mal.

Aunque la reflexión filosófica no siempre he sido capaz de seguirla y entenderla, sus referencias a momentos históricos, y de lucha social, me resultan claros. Él como algunos otros, entre quienes me encuentro, hemos vivido como extranjeros en nuestros puestos de trabajo. Sabíamos (nos dolíamos, enfurecíamos, rabiábamos, etc.)  que la historia (de la Transición o del Movimiento 15M) podía haber sido otra porque habíamos visto otra manera de vivir, se hacía difícil seguir viviendo como si no hubiéramos oteado esa esperanzadora posibilidad (157). De esta manera surge esa acusación habitual: “siempre lo encontráis todo mal” (hace poco me lo dijo un alumno de 15 años cuando critiqué las celebraciones navideñas). Es cierto, Lo encontramos todo mal. Empezando por nosotros mismos. Estamos mal con nosotros mismos porque no encajamos en este mundo. Más exactamente, no queremos encajar, queremos hacernos incompatibles. La única alternativa que admitimos es esta: la realidad o nuestro querer vivir (182).


Su apuesta es pasar de la noche del malestar a la noche de la resistencia. Puedo coincidir en esa posibilidad pero… Pasan los años y no hemos cambiado nada (Debord, 147).

miércoles, 3 de enero de 2018

ESTA GENTE NO ES LA GENTE DE VILANOVA


Con esta frase, u otras similares, se despachan personas que no alcanzan a comprender  que en su ciudad, adscrita a la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) y cuya presidenta es la propia alcaldesa de Vilanova, pueda ganar Ciudadanos (C's).

Escrutado:
100 %
Votos contabilizados:
39.639
81,5 %
Abstenciones:
8.999
18,5 %
Votos nulos:
146
0,37 %
Votos en blanco:
140
0,35 %
RESUMEN DEL ESCRUTINIO DE VILANOVA I LA GELTRÚ

Partido
Votos
C's
9.931
25,15 %
ERC-CatSí
9.140
23,14 %
JUNTSxCAT
7.515
19,03 %
PSC
5.594
14,16 %
CatComú-Podem
3.208
8,12 %
CUP
2.267
5,74 %
PP
1.233
3,12 %
PACMA
367
0,93 %
RECORTES CERO-GRUPO VERDE
98
0,25 %
VOTOS POR PARTIDOS EN VILANOVA I LA GELTRÚ

Pero no quiero valorar aquí el significado de una victoria que se ha repetido en las ciudades más pobladas de Cataluña, sino reflexionar brevemente sobre los comentarios de ciudadanos/as de Vilanova, tanto en redes sociales como presenciales, una muestra más del fanatismo en el que estamos instalados en la comunidad que, posiblemente, más apela a la democracia. La fe en la nación se ha instalado como redentorista y la elección del 21 D se planteó entre España y Cataluña, entre el PP y el independentismo, entre República y Monarquía, entre gente de Vilanova y gente que no lo es.
La muestra de su manera de entender la democracia es afirmar que quienes han votado al partido que ha ganado las elecciones en Vilanova, de hecho no son de Vilanova: “Es lamentable, pero esta gente no es la gente de Vilanova” comenta una mujer indignada. Y la justificación para tamaña conclusión es que “esa gente” (o sea, el 25,15 % de los y las votantes de la ciudad) solo se dedica a trabajar, a ver Tele 5 y a cargarse la cultura (o lo que ella entiende por cultura).
No me sorprende el simplismo del nacionalismo populista al tener que hacer frente a una realidad que prefiere no ver. La retórica del nacionalismo es la de enfrentar pueblo catalán-élite corrupta española, el democrático pueblo catalán frente a la España franquista y colonizadora. Pero algo no encaja cuando el pueblo catalán vota como partido mayoritario a un partido como C's. La respuesta para mostrar su desagrado rezuma clasismo y xenofobia, “esa gente” que solo se dedica a trabajar es inculta, se deja adoctrinar por Tele 5 y odia la verdadera cultura vilanovina. Esa gente es de fuera, esa gente no entiende la esencia de la ciudad y de su cultura, esa gente no merece formar parte de la ciudad.

Un gran ejemplo de cómo algunas personas entienden la democracia.

Quizás otro día me anime a hablar del resultado de las elecciones del 21 D.

sábado, 23 de diciembre de 2017

DESESPERACIÓN

No la mía, en esta ocasión. Hoy quiero presentaros un libro muy peculiar, se 
trata del Diario de un desesperado del alemán Friedrich Reck.


¿Qué tiene de singular esta obra? Reck era un conservador cultural que cuestionaba la democracia al rechazar el hombre masa y defender la tierra y las tradiciones por encima de la técnica y el propio capitalismo industrializador. Estamos ante un hombre conservador que no aceptaba los cambios, especialmente los económicos, por considerar que pervertían lo más positivo de Alemania. Parece inverosímil que un hombre como Reck pudiera desesperarse hasta el límite ante las realizaciones del nacionalsocialismo. Es difícil encontrar a alguien que tuviera tan poca piedad al despojar al III Reich de sus mentiras y manipulaciones.

Desde mayo de 1936 hasta octubre de 1944, Reck escribió un diario en el que repasó las realizaciones del nazismo, su entorno, amistades, políticos, gentes de la alta sociedad, etc. Su posición contraria al nacionalismo se manifiesta en múltiples reflexiones y afirmaciones como esta:

Nacionalismo: es un estado de ánimo en el que no se ama tanto el propio país como se arde en deseos, en sueños y despierto, de mancharse  los pantalones a base de odio hacia el país ajeno (174).

Realizaciones y personas son implacablemente observadas y cuestionadas con una mirada mordaz y sin concesiones que construyen un testimonio, desde una mentalidad conservadora, único.

Reck odiaba a Hitler y al nazismo de manera total, vivir en medio de un país nacionalsocialista le condujo a la desesperación, situación que se aprecia en cualquier página de su diario:

¿Comprenderéis lo que significa vivir con odio en el corazón durante tantos años, acostarse con odio, soñar con odio por las noches y despertar con odio por la mañana… todo esto durante años de inseguridad jurídica, sin el menor compromiso, sin un solo Heil Hitler, sin asistir ni a una de las concentraciones obligatorias, y llevando el estigma de la ilegalidad en la frente? (52-53).

La desesperación y el odio al nacionalsocialismo le debió granjear, al fin, la desconfianza de numerosas personas a su alrededor y posiblemente la denuncia de alguien que acabó con Reck detenido e ingresado en 1945 en el campo de concentración de Dachau donde murió.

Este Diario de un desesperado fue editado numerosas veces en Alemania desde 1947. Un libro que merece la pena leer; pareciendo de otro tiempo, forma parte del nuestro.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

VERDAD Y POLÍTICA


Este título, en plena campaña electoral en Cataluña, puede hacer pensar que quiero hablar de ese tema. No es así. O lo es de manera indirecta puesto que quiero hablar del ensayo de Hannah Arendt que lleva ese título tan actual. Hoy no hablamos de verdad sino de postverdad para hacer referencia a la constatación de que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal. La postverdad está en la capacidad que tienen algunos sectores políticos para presentarse como lo que no son, prometiendo lo que no pueden hacer

Cuando en 1961 se celebró en Jerusalén el juicio del nazi Adolf Eichmann, la revista The New Yorker escogió como enviada especial a Hannah Arendt, exiliada en EUA. Se desplazó a Jerusalén y fue escribiendo artículos sobre el juicio al miembro de las SS involucrado en la solución final. Estos reportajes fueron publicados en forma de libro (440 pág.) en 1963. Ya en aquellos años esta obra provocó duras críticas y una fuerte animadversión contra ella.  Eichmann no era una figura demoníaca sino más bien un funcionario mediocre y obediente para quien Arendt acuñó la categoría de “banalidad del mal”. Esta caracterización, sumada a sus acusaciones contra muchos consejos judíos en campos y guetos por colaboracionismo con los propios nazis, generó una formidable polémica en torno al libro de Arendt sobre el proceso de Jerusalén.



La controversia causada por esta obra de Arendt provocó la aparición del ensayo “Verdad y política” puesto que se utilizaron una enorme cantidad de mentiras en dicha disputa.
En este ensayo Arendt señala la dificultad de que verdad y política vayan de la mano, de hecho afirma que la mentira siempre ha sido vista como una herramienta necesaria y justificable (15) para la actividad de los políticos, demagogos y hombres de Estado. Decir la verdad es arriesgado y lo ha sido a lo largo de la historia.
La autora distingue entre la verdad racional propia de las ciencias naturales, la verdad factual de las ciencias sociales y la opinión propia de la colectividad humana. La facilidad con la que se convierten las verdades factuales en opiniones pretende desdibujar la línea divisoria entre ambas como si las personas fueran incapaces de aceptar la persistencia de la verdad. Quizás, sospecha Arendt, puede ser inherente a la naturaleza del campo político el estar en guerra con la verdad en todas sus formas (37); por este motivo el compromiso con la verdad es considerado como una actitud antipolítica.
Arendt va más lejos cuando afirma que lo opuesto de la verdad factual no es el error, la ilusión o la opinión (…), sino la falsedad deliberada o la mentira (55). En este sentido es importante la manipulación masiva de los hechos y las opiniones, algo que es evidente, según Arendt, en la reescritura de la historia, el trabajo de los creadores de imagen y la política gubernamental.
La última vuelta de tuerca se da cuando el político embustero se cree su propia mentira, solo el autoengaño es capaz de crear una apariencia de fiabilidad (63). Naciones enteras podrían terminar guiándose por una red de engaños con la que sus líderes querían someter a los opositores. La amenaza más peligrosa, entonces, vendría de los miembros del propio grupo que pretendieran romper el hechizo e insistieran en hablar de hechos que no encajaran con el engaño.
Pero los hechos (la verdad) son superiores al poder, tienen una fuerza peculiar frente al poder, este no puede inventar un sucedáneo viable de la verdad. La persuasión y la violencia pueden destruir la verdad, pero no pueden reemplazarla. ¿Podemos seguir pensando con Arendt en esa fuerza peculiar de la verdad?
En todo caso, esa convicción es lo que le lleva a concluir su ensayo con estas palabras:

En términos conceptuales, es posible definir la verdad como aquello que no podemos cambiar; en términos metafóricos, es el terreno que pisamos y el cielo que se extiende sobre nuestras cabezas (80).

Finalmente sí he hablado de la campaña electoral en Cataluña.

domingo, 3 de diciembre de 2017

HERMANA, YO SÍ TE CREO


La violación que se produjo en Pamplona, y que se está juzgando estos días de noviembre de 2017, tiene muchos elementos que me provocan rechazo, repugnancia e ira. Me referiré a algunos de ellos.

Que el grupo de violadores se autodenominara “la manada” me resulta denigrante para la víctima y me da una imagen bastante exacta de los victimarios: la manada es un grupo de animales que andan juntos. Y van juntos para ser más eficaces en la caza y para compartirla. Esta manada de animales humanos debía tener también otra finalidad: animarse mutuamente para llevar a cabo “la caza”, convertirla en una diversión compartida y ofrecerla como espectáculo en las redes sociales.

Las violaciones siempre se basan en lo mismo: el uso de la fuerza para imponer unas relaciones sexuales no consentidas ni aceptadas por la víctima. El abuso del número y de la fuerza de los integrantes de “la manada” respecto a una mujer sola, habla por sí misma de lo ocurrido en el portal de aquella vivienda. Que el silencio se interprete como asentimiento y aceptación es un insulto a la inteligencia y una falta de sensibilidad inaceptable.

Pero las violaciones de hoy tienen un componente nuevo que no podemos obviar, los victimarios se vanaglorian grabando la violación, compartiéndola y convirtiéndola en un espectáculo de dimensiones desconocidas. Hay una actitud de denigrar a la víctima ante otras “manadas” puesto que cada vez que un vídeo de estas características se comparte, la víctima vuelve a ser violada simbólicamente por quienes la miran.

No comparto la idea de que las feministas nos apropiemos de esa imagen de “manada”, una idea potente pero que me desagrada profundamente. Nuestra fuerza se sustenta en lo contrario del imaginario de “la manada”, una asociación para cazar, para agredir, para exaltarse mutuamente en la imposición de la fuerza bruta del grupo, la afirmación de la acción totalitaria de los agresores, de la acción irracional y de un mundo basado en la jerarquía de la brutalidad y la dominación.

A las feministas nos une el apoyo mutuo, el reconocimiento de la fuerza que nos da un comportamiento colaborativo y solidario, la afinidad electiva, la autonomía de pensamiento, la libertad de criterio... Las afinidades entre las personas toman en consideración el temperamento, las diferentes formas de sensibilidad, los diferentes rasgos de carácter  y las diferentes maneras de integrarse con los demás. La asociación es el arte de despertar lo mejor de cada persona, descartando lo peor, la capacidad de movilizar recursos nuevos, positivos y portadores de libertad y de vida. Romper con los estereotipos y los roles impuestos requiere que se ponga a su servicio lo mejor de quienes se organizan por afinidad. 

Eso son para mí los feminismos, esa es nuestra fuerza y nuestra manera de pensar un mundo nuevo.



jueves, 23 de noviembre de 2017

MUJERES LIBERTARIAS DE ZARAGOZA

El día 17 de noviembre tuve la gran suerte de rodearme de compañeras y amigas (Lola Vicioso, que presentó el acto, Carmen Gracia, Ana Carrera, Pilar Lerín y Nieves Pina) para presentar el libro: Mujeres Libertarias de Zaragoza. El feminismo anarquista en la transición. La presentación se hizo en la librería La Pantera Rosa. 
Este texto recoge mi intervención en la presentación.


Este es un libro especial para mí:
  • Por adentrarse en una época reciente (la Transición) en la que casi es imposible trabajar desde el punto de vista de la historia por la cercanía a los hechos.
  • Por haber formado parte activa de lo que se describe en el libro, algo que nunca imaginé que haría.
Por ese carácter especial que tiene, me tomaré la licencia de montar mi intervención en esta presentación como un puzle, en cierta manera caótico, con aspectos que quiero resaltar, sacrificando una exposición más convencional, más ordenada y completa.


La primera pieza del puzle
Hace referencia a algo sobre lo que he pensado mucho y tengo claro que no conviene confundir: memoria e historia. Este libro se basó, en gran parte, en un ejercicio de despertar la memoria del pasado reciente para poner fechas y orden cronológico a la existencia de Mujeres Libertarias de Zaragoza. Todas nos dimos cuenta en ese intento de recuperar la memoria personal (que hicimos en dos mañanas de sábado de 2016) de su fragilidad. Por mi parte, comprobé una vez más que la memoria es tan solo un conjunto de recuerdos individuales y de representaciones colectivas del pasado, por ello en la introducción escribí estas palabras inspiradas en el historiador Enzo Traverso:
La memoria es en realidad una representación del pasado que se construye en el presente, resulta de un proceso en el que interactúan varios elementos, cuyo papel, importancia y dimensión varían según las circunstancias. Las personas cambian, sus recuerdos pierden o adquieren importancia nueva según los contextos, las sensibilidades y las experiencias acumuladas[1].
La memoria, por tanto, aporta elementos vitales a la historia, “el aliento de vida”, pero como tal es siempre subjetivo, necesita ser contrastado con otras fuentes que le otorguen más objetividad.
Y es la Historia la que tiene que aportar el discurso crítico sobre el pasado, es decir, una reconstrucción de los hechos y acontecimientos pasados tendente a su examen contextual y a su interpretación.
Este librito intenta humildemente, desde la memoria y otras fuentes documentales, hacer historia, o mejor microhistoria, ya que trata de estudiar  la actividad de un grupo feminista durante un breve, pero intenso, periodo histórico.


La segunda pieza del puzle
Hace referencia a la genealogía que durante cien años (década de 1830 a la de 1930) construyó el feminismo anarquista.  Los seres colectivos siempre son más de lo que son puesto que llevan en sí fuerzas de tiempos anteriores, de esta forma no se trata de verlos desde fuera sino desde dentro, desde lo que somos podemos evaluar mejor lo sucedido en el pasado. Así lo expresa el escritor y poeta Jean Tardieu, en una bella metáfora de la genealogía de las clases trabajadoras, cuando dice:
Si con una llave, golpeo los hierros que él golpeaba, escucho todavía, en su sonido que permanece puro, brotar del fondo de los siglos criminales el grito de su esfuerzo y de su triunfo[2].

Yo llevo mucho tiempo golpeando los hierros que ellas golpeaban y escuchando el sonido puro de sus esfuerzos, de su activismo, de sus ideas, de sus lágrimas, de sus emociones, de sus vejaciones, de sus vidas…
El feminismo anarquista forma parte, por tanto, de una ascendencia de largo recorrido que fue el resultado de la diversidad, la apertura de miras y la evolución a lo largo del tiempo. El nacimiento de los grupos de “Mujeres Libertarias /Libres” durante la Transición democrática (1975-1982) intentó vincularse con esa genealogía de cien años que arrancó con las utópicas de la década de 1830, paso por las republicanas, las internacionalistas, las librepensadoras, las pioneras que definieron el feminismos obrerista anarquista (las “dos teresas”) y que floreció en la II República con Mujeres Libres ya iniciada la Guerra Civil. Pero esa genealogía feminista quedó truncada violentamente por la Dictadura franquista, que sin duda tuvo una dimensión de género, produciéndose un vacío que no fue fácil llenar en la Transición.


La tercera pieza del puzle
Es la constatación, hoy, de que el activismo se nos comió y un aviso a navegantes para que no vuelva a suceder. Pocas mujeres (por el grupo pasaron algo más de treinta personas) abarcaban mucha actividad en el terreno de la lucha en perjuicio de la reflexión y de la construcción de teoría. Se leyeron libros, se elaboraron ponencias, pero no se construyó, desde mi punto de vista, las bases de un feminismo anarquista sólido. Esto no quiere decir que no tuviéramos una personalidad libertaria definida y diferenciada de los otros feminismos. Cualquier tema (el militarismo, la sexualidad, las relaciones de pareja, el trabajo, la cultura, la educación, etc.) incidía en la opresión que sufrían las mujeres y que hacían necesaria una rebelión entendida como subversión de los valores más profundos y enraizados en cada persona, eliminando los prejuicios basados en la cultura autoritaria del franquismo. La defensa de la libertad, clave para las libertarias, se fundamentó en la búsqueda de la independencia psicológica y de la autoestima, poniendo en valor la llamada “emancipación interna”, que ya defendía Emma Goldman, para que las mujeres se convirtieran en sujetos de su proceso de liberación.
Todo esto fue tremendamente positivo y lo tradujimos en ideas, organización, reivindicaciones y luchas (tres de los cinco apartados que estructuran el capítulo 4 dedicado al grupo), pero la falta de tiempo nos impidió adaptar el feminismo anarquista heredado del pasado a los años ochenta.


La cuarta pieza del puzle
Hace referencia a la constatación de que el feminismo no afectaba solo a lo político, a lo público, sino que incluía lo personal. Ese descubrimiento fue revelador para muchas de nosotras: el poder, la autoridad, la subordinación… no estaban solo en lo exterior (religión, Estado, ejército, lugar de trabajo, etc.) los teníamos en casa, en nuestra pareja, en las relaciones sexuales. Lo impregnaba todo, hasta lo más íntimo. Y empezamos a hablar de lo que vivíamos, de cómo era nuestra sexualidad, de nuestras parejas, del sexismo, cuando no paternalismo, que sufríamos en las propias organizaciones libertarias.
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[1] Enzo Traverso (2012): La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX. FCE, Buenos Aires, Argentina, p. 286.
[2] De Jean Tardieu: La Part de l’ombre, citado en Colson, Daniel: Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Buenos Aires: Nueva Visión, 2003.

lunes, 13 de noviembre de 2017

IDENTIDADES Y LIBERTAD


Un libro lleva a otro y este a otro más y así se va construyendo una cadena de muchos eslabones que ayudan a pensar y a definir con fineza las ideas y las emociones.

En los últimos textos  he ido tejiendo una red de consideraciones sobre el nacionalismo que muestran, a la vez que mi manera de ver el nacionalismo catalán, las lecturas que me han proporcionado el hilo para tejer dicha red. Aunque reflexiones y lecturas se remontan mucho más lejos, como se puede comprobar en la etiqueta de nacionalismo de este blog, algunos de los últimos son: Timothy Snyder, Albert Camus, Tony Judt, Víctor Klemperer, Noam Chomsky, Amin Maalouf y, por último, Isaiah Berlin.



Que Berlin[1] sea un hombre con pluralismo de identidades y en la introducción, Ángel Rivero, haga en su nombre un “examen de identidad” (p. 10) como tuve el atrevimiento de hacer yo misma en el texto “Identidad(es)”, resulta una de esas causalidades (que no casualidades) que siempre me sorprenden. Dice Berlin:
(…) el pluralismo (…) me parece un ideal más verdadero y más humano (…). Es más verdadero porque (…) reconoce el hecho de que los fines humanos son múltiples, son en parte inconmensurables y están permanentemente en conflicto (…). Es más humano porque no priva a los hombres (…) de aquello que se les ha hecho indispensable para su vida.
En cambio, la identidad primordial alimenta una verdad única que destruye a las personas concretas para superar el pluralismo de sus valores, creencias y fines. El nacionalismo es una de las ideologías, no la única (también las religiones o el comunismo), interesada en uniformizar y desterrar las identidades plurales que son líneas que fracturan la verdad monolítica de la “unión sagrada” de la nación, llamando al sacrificio de la pluralidad en aras de un ideal abstracto (nación, dios, utopía comunista).

En “Dos conceptos de libertad”, Berlin hace una reflexión interesante sobre la libertad, diferenciando libertad “negativa” de libertad “positiva”. La primera hace referencia a la ausencia de obstáculos (creados por el ser humano) a la acción de las personas. Una tendrá más o menos libertad en función de la ausencia de tales obstáculos. La libertad “positiva” hace referencia al ejercicio del poder político, a quién manda, quién es el jefe. Soy más libre, en este sentido, si no tengo que obedecer a otra persona. La primera está en la base de las instituciones liberales (democráticas) con la perversión del liberalismo económico y de la explotación extensiva que se dio desde el siglo XIX en los países industrializados y desde el colonialismo hasta la actualidad en el mundo pobre. La segunda está en la base de la mayor parte de los despotismos.

Berlin considera que es la libertad negativa la que ha tenido un rendimiento histórico más fructífero. Se esté de acuerdo con él o no, resulta interesante comprobar cómo el debate sobre la libertad y sus muchas lecturas es importante para no caer en mitificaciones como la que el nacionalismo catalán ha llevado a cabo en los últimos cinco años.

Esta reflexión de Berlin sobre la libertad me ha permitido comprender algunos aspectos importantes del proceso que ha protagonizado el nacionalismo catalán:

1º Que la impotencia para alcanzar un fin, no indica falta de libertad política como el nacionalismo (y el “exiliado” Puigdemont desde Bruselas) repite hasta la saciedad. Solo se carece de libertad política cuando son seres humanos los que me impiden alcanzar un fin. El nacionalismo catalán se empeña en no reconocer, y en mentir, respecto a un hecho repetidamente demostrado: que no cuenta ni siquiera con el 50% de la población catalana para su proyecto.

2º Que si mi libertad (o la de mi nación), depende de la imposición sobre la mayoría o provoca miseria económica para los sectores más desfavorecidos de la sociedad catalana, el sistema que promueve esto es injusto e inmoral. Por mucho que una parte importante de la población esté dispuesta al sacrificio en aras de un ideal abstracto como es la nación.

3º Hay nacionalistas de izquierda como la CUP que caen en una aberrante paradoja: parten de la afirmación de que el nacionalismo que propugna la independencia es bueno para la “clase obrera” o “clases populares” (ambos conceptos acostumbran a utilizar), aunque dichos sectores no lo sepan. De su conocimiento superior concluyen que actúan en nombre de dichos sectores populares como si ellos mismos lo hubieran elegido aunque no lo hayan hecho de forma consciente (e incluso demuestren –a través del voto y de manifestaciones- que han elegido permanecer unidos al resto de España). Esta monstruosa suplantación consiste en hacer equivalentes lo que las “clases populares” habrían elegido si fueran alguien que no son, o al menos no son todavía, con lo que esos sectores populares de hecho buscan y eligen.

El concepto libertad, o democracia, está en boca de todos/as, su abuso por parte de los nacionalismos resulta peligroso, especialmente si se produce un enfrentamiento de identidades únicas que reducen el espacio de la política (no hago referencia a la política institucional, sino a la política entendida como res publica) en aras de las creencias irreductibles.



[1] El libro que inspira esta reflexión es: Isaiah Berlin (1958, 2014): Dos conceptos de libertad. El fin justifica los medios. Mi trayectoria intelectual. Alianza, Madrid.