sábado, 3 de diciembre de 2016

¿Tiene futuro la verdad? G. Steiner

Empezaré el recorrido de Nostalgia del absoluto de G. Steiner  con la formulación de esta pregunta que hace al final: 

¿Tiene futuro la verdad?

Steiner, para responder a esta vital pregunta parte de la constatación de la erosión de la religión organizada (específicamente del cristianismo) en la sociedad occidental desde hace algo más de 150 años. El decaimiento del cristianismo creó un inmenso vacío (15) relacionado con las percepciones de justicia social, sentido de la historia humana, relaciones mente-cuerpo y lugar del conocimiento en nuestra conducta moral. La nostalgia del Absoluto que generó la erosión del cristianismo, dio lugar a tres mitologías que trataron de cubrir el vacío cumpliendo tres condiciones: pretensión de totalidad; formas reconocibles de inicio y desarrollo; y un lenguaje propio.


Las mitologías elaboradas en occidente (marxismo, psicoanálisis y  antropología estructural), pueden ser antirreligiosas pero su estructura, aspiraciones y pretensiones son religiosas en su estrategia y en sus efectos según el autor.
Los tres primeros capítulos los dedica Steiner a analizar estas mitologías que parten de la racionalidad, dedicando el cuarto capítulo a las basadas en la irracionalidad, la superstición y el escapismo infantil.

Los tres autores de las analizadas mitologías, Marx, Freud y Lévi-Strauss, son judíos y, según el autor, hay aspectos judaicos específicos en los tres, los tres arrancan de la metáfora compartida del pecado original y cada uno incorpora aspectos del judaísmo como la promesa de redención, el mesianismo utópico, su furia en pro de la justicia, la lógica de la historia o la visión promisoria de Marx. La visión de la vuelta a casa con la muerte, el pesimismo y severidad de su ética o la confianza en el poder de la palabra de Freud. El sentimiento obsesivo de la retribución, del fracaso del hombre a la hora de observar sus responsabilidades contractuales con la creación o la visión apocalíptica de la humanidad de Lévi-Strauss.

El sentimiento occidental de fracaso ha provocado también una reacción contra el centralismo étnico y cultural que marca el pensamiento europeo y anglosajón desde la antigua Atenas hasta el periodo 1920-1930. Eso lleva a mucha gente, especialmente joven, según Steiner, a mirar a otras culturas donde creen encontrar la inocencia y un legítimo impulso de reparación (107).

La cultura occidental está sufriendo una dramática crisis de confianza y ahí se inscribe la religión cristiana por su actitud ante las dos guerras mundiales (muy interesante lo que dice al respecto de la actitud de la iglesia  ante la masacre de la IªGM y el genocidio y terrores totalitarios posteriores). Pero los recrudecimientos de los grandes terrores políticos homicidas y la vuelta a la mentira, tortura e intimidación mostraron la insuficiencia de la Ilustración y de la razón secular (el contrato humanista liberal quedó roto con los campos de concentración). El impacto del doble fracaso (religión y racionalismo ilustrado) sobre la psique occidental fue destructivo y esto es lo que les condujo a confiar en el irracionalismo.
Por debajo de la gran oleada de insensatez está en acción esa nostalgia del Absoluto, ese hambre de lo trascendente que observamos en las mitologías, en las metáforas totalizadoras de la utopía marxista, de la liberación del hombre, en el esquema de Freud del sueño completo de Eros y Tánatos, en la punitiva y apocalíptica ciencia del hombre de Levi-Strauss (108).
Las teologías posreligiosas o sustitutas y todas las variedades de lo irracional han demostrado ser ilusiones.

La gran ausente para el autor es la ciencia. Y aquí, parte de la idea de que el ser humano con la verdadera comprensión científica lograría satisfacer los ardientes deseos de verdad del espíritu humano y del alma humana (113). Y añade tres conclusiones preocupantes:

·         La verdad no tiene por qué ser amiga del ser humano.

·      Somos huéspedes de un universo que no está cortado a la medida del ser humano.

·        La verdad tiene futuro, que lo tenga el ser humano es mucho menos claro.

Un ensayo que abre muchos interrogantes y que ofrece mucho para pensar. El futuro de la humanidad es muy difícil y claramente caminamos al abismo.

GEORGE STEINER (1974) [12ª ed, 2014]: Nostalgia del absoluto. Siruela, Madrid.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

FERRER, ASCASO Y DURRUTI. Homenaje en el cementerio de Montjuïc (20-11-2016)


LA ACTUALIDAD DEL ANARQUISMO EN EL 80 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE 1936 (NOVIEMBRE DE 2016)

Estos tres hombres por todos/as conocidos se han convertido en el símbolo de la famosa cita de Proudhon, Destruam et edificaba. Destruir y edificar, una síntesis que evita que la destrucción se convierta en simple terrorismo y el edificar en construir sin un criterio de emancipación.


Comparto con Ramón Acín la siguiente afirmación: 
Nosotros no tenemos santos, nosotros no tenemos apóstoles, nosotros no tenemos ni  mártires; pero tenemos corazón y somos amigos del amigo y camaradas del camarada.
Por eso este año nos volvemos a reunir aquí, en mi caso convocada por una admirable mujer, Antonina Rodrigo, para recordar a tres hombres y, para destacar en este 2016, el 80 aniversario de la revolución que se puso en marcha como consecuencia del golpe de Estado de buena parte del Ejército sustentado por la Iglesia católica y la oligarquía. El vacío de poder que provocó la actuación militar, fracasada en parte por la reacción de las clases populares a través de sus organizaciones (así murió Ascaso), facilitó el asalto al poder impulsado por el sindicalismo y el anarquismo. La defensa la asumieron las milicias, el “pueblo en armas”, que provocó la muerte de algunos que voluntariamente fueron al frente (de esta manera murió Durruti); la organización política la asumieron los Comités y la economía se colectivizó en parte.

Pronto la revolución encontró dificultades relacionadas con la propia inexperiencia del movimiento libertario y con las fuerzas contrarias al proceso de transformación en el bando republicano, incluidas las exigencias inherentes a la guerra. El final lo conocemos bien. La derrota fue de grandes dimensiones y el anarquismo pareció pasar a la historia y convertirse solo en un recuerdo glorioso para protagonizar conmemoraciones.

Sin embargo, no estaría aquí si pensara que la anarquía es cosa del pasado. Por el contrario es un proyecto político y filosófico con validez y actualidad, siempre y cuando se adapte al presente y a lo que está por llegar. Tiene la posibilidad de ser un proyecto común para una multitud de situaciones, para una infinidad de maneras de sentir, de percibir y de actuar[1].


No podemos pretender que el anarquismo sea una especie de catálogo de principios inmutables, si lo pensáramos así desactivaríamos lo más valioso de sus propuestas puesto que su esencia es movimiento, transformación y adaptación a las nuevas realidades. La idea no puede permanecer estática si la realidad cambia, por ello el anarquismo futuro no puede parecerse al que hemos heredado o al que hoy conocemos. Si los dispositivos de dominación se van transformando en el transcurso del tiempo histórico, también se modifica correlativamente lo que se opone a ellos, lo que les planta cara, incluida la lucha que desarrolla el anarquismo[2].

Si tuviera que destacar algunos aspectos que considero plenamente actuales, estos serían los siguientes:

En primer lugar, su crítica al Estado y al poder político, así como la denuncia de la manipulación que el poder realiza sistemáticamente del  espontaneísmo y de la democracia directa. El anarquismo siempre ve en el Estado una fuente de control y coerción. La esencia de todos los gobiernos sigue siendo desempoderar fácticamente a los ciudadanos[/as] e inocular en su conciencia la necesidad que tienen de gobiernos fuertes para garantizar la gobernanza[3].

En segundo lugar su desconfianza hacia la capacidad del Estado para hacer iguales a las personas renunciando a la libertad, algo que edificó en la URSS y en otros países terribles distopias. De esta desconfianza se deriva la necesidad de unir en un todo, libertad e igualdad, ya que la una sin la otra no caben en un planteamiento anarquista.

Y en tercer lugar, su negativa a poner en marcha vastos proyectos de ingeniería social, como hicieron el comunismo y el fascismo, con las consecuencias que conocemos. En el anarquismo es primordial el compromiso ético, es decir, no se pueden alcanzar unos objetivos acordes con los valores anarquistas tomando unos caminos que los contradigan[4]. Los fines nunca justifican los medios. Por la dimensión ética de la rebelión que convierte la cultura y  la educación en  elementos fundamentales fue ejecutado Ferrer y Guardia.

Lo más valioso del anarquismo hoy son las intuiciones básicas que han echado hondas raíces en experiencias variadas que han ido depositando, a modo de capas superpuestas, multitud de hombres y mujeres que han protagonizado mil y un combates anteriores. Se trata de recuperar lo menos doctrinario, lo más informal, en definitiva, lo más difuso, que, a veces, percibimos como debilidad cuando su fortaleza está presente en las muchas voces de la disconformidad del siglo XXI.

Por eso comparto el concepto de "anarquía positiva" de Proudhon que actualiza Daniel Colson cuando afirma que la anarquía es un "prender", un "cuajar" de cuerpos y sentidos, no como se solidifica el hormigón (esa es la manera del fascismo religioso y el integrismo islámico), sino más bien en el sentido de una improvisación de jazz: modos de asociación de entidades radicalmente dispares y singulares que recomponen el mundo sin dejar nunca de ser diferentes, de tener una realidad, un modo de ser y un punto de vista radicalmente irreductibles a todos los demás[5].

El anarquismo o es una utopía o no es nada, ahí reside su actualidad, en los deseos que canaliza de una sociedad cuyo epicentro es la libertad.
Y concluyo, como es habitual en mí en este acto, con las palabras del escritor Eduardo Galeano:
Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.
 



[1] Daniel Colson (2003): Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Nueva Visión, Buenos Aires, p. 30.
[2] Tomás Ibañez (invierno 2016): “El anarquismo que viene”. Libre Pensamiento, nº 88.
[3] Félix García Moriyón (primavera 2016): “El anarquismo y los anarquismos”, Libre Pensamiento, nº 86.
[4] Tomás Ibañez (invierno 2016): “El anarquismo que viene”. Libre Pensamiento, nº 88
[5] Entrevista a Daniel Colson (7-10-2016): “El anarquismo es extremadamente realista”. http://www.eldiario.es/interferencias/Daniel_Colson-anarquismo_6_567003317.html

domingo, 13 de noviembre de 2016

BERLÍN














Nada más volver de Berlín encontré este fragmento en el libro de Kertész que empecé a leer y no he podido evitar reproducirlo aquí ilustrándolo con dos fotografías de los dos espacios de los que habla, la Postdamer Platz y la sinagoga de Oranienburger Strasse. Como bien dice al final de este fragmento, todo, todo cambiará...

Me encuentro en la Postdamer Platz; el pálido sol de la mañana; el desierto cubierto de polvo y escombros en pleno centro de la ciudad, en el lugar que fuera el muro y en sus alrededores. Como después de un bombardeo aéreo enorme, devastador. El ligero olor a ceniza bajo esa suave iluminación, los caminos que conducen a la nada, el recuerdo de los olores y del ambiente de la primavera de 1945, la inasible melancolía de la supervivencia… Cuántas veces estuve así ante la puerta del campo de concentración de Buchenwald, saboreando, por así decirlo, la libertad que olía a cadáver y sabía a la sopa del Lager, y a la fragancia de la primavera… Luego paseo hasta la sinagoga de Oranienburger Strasse. Busco en vano la pequeña pastelería donde una mañana hace trece años, en 1980, cuando el barrio aún pertenecía a la RDA, se me antojó un trozo de pastel verde, grande como una pala de carbón. Desde la ventana de la pastelería mi mirada se proyectó sobre unas ruinas color ladrillo que había enfrente, y no pude quitarles los ojos de encima. Poco a poco surgieron las asociaciones. 


En fotografías documentales, la sinagoga en llamas… la Noche de los cristales rotos, La Oranienburger Stasse, el edificio de estilo morisco… Pagué y crucé la calle a toda velocidad. En efecto, era la sinagoga. Entre las ruinas emergían aquí y allá, por las grietas de los antiguos muros, algunas matas verdes. Ningún vestigio de nada. En el interior, una inscripción casi ilegible en una placa, que se limitaba a aclarar la situación legal de la propiedad. Un montón de escombros mudos, caídos en el anonimato, ultrajados por el olvido. Ahora le han puesto encima una centelleante cúpula dorada, como una corona de espinos. Pero su entorno, las casas en estado ruinoso, la calle devastada, siguen recordando la guerra; el olor a moho que emanan los portales, las imágenes de la decadencia, la podredumbre. Como si las profundidades de un sótano se abrieran de golpe, ahora aflora toda la muerte y toda la devastación que han dejado atrás las últimas décadas. Dentro de pocos años todo esto desaparecerá; todo, todo cambiará: los hombres, las casas, las calles; emparedarán los recuerdos, tapiarán las heridas; el hombre moderno, con su característica flexibilidad, lo olvidará todo, eliminará de su vida la borra turbia del pasado aplicando un filtro, como si fuese el poso del café. Cierta sensación de satisfacción por el hecho de ver todo esto quizá por última vez (y no solo de verlo, sino también de sentirlo), como un naturalista que viese de pronto un ejemplar de una especie extinguida que vive tranquilamente su anacrónica vida.

IMRE KERTÉSZ, Yo, otro. Crónica del cambio, pp. 67-68.

jueves, 3 de noviembre de 2016

IMPRESIONES DE BERLÍN

Viajé a Berlín por primera vez en 2008, hacía 18 años que se habían dado los primeros pasos de la unificación de la la RDA y la RFA, todo un acontecimiento político y económico. En ese primer viaje eran perceptibles aún las diferencias entre la población de ambos países y el movimiento alternativo tenía una presencia muy significativa. 


El barrio de Mitte, el barrio judío, tenía numerosas casas okupadas entre las que destacaba la Kunsthaus Tacheles (la palabra deriva del yidis y quiere decir "hablar claro"). Se trataba de una galería de arte inmensa ubicada en un edificio okupado por un colectivo de artistas en 1990.


El edificio fue desalojado en 2012, con él murió una de las iniciativas más creativas e interesantes de Berlín. Hoy la piqueta y las excavadoras han demolido gran parte del edificio.



Casi nada queda de lo que fue, solo por fuera quedan algunos murales...



Pese a todo, es raro ir a Berlín y no encontrarte con alguna manifestación. El primer día de mi llegada me topé en este barrio del Mitte donde estaba hospedada con una pequeña, pero importante, manifestación en la que había más policía que manifestantes. La pancarta venía a decir: "En recuerdo de las víctimas del holocausto (la shoa), nunca más el fascismo" (no sé alemán, busqué la traducción por internet).


Otro lugar emblemático resiste, se trata de Haus Schwarzenberg, un vestigio más de los movimientos alternativos surgidos tras la caída del Muro.



Hoy, los bajos de estas casas se han convertido en talleres de artesanos/as y no sé si mantienen planteamientos alternativos



Berlín está cambiando, pierde ese aire joven, alternativo y radical que tenía en la década de 1990 y la primera década del 2000...

domingo, 23 de octubre de 2016

HOMENAJE A FRANCISCO GRANADO Y JOAQUÍN DELGADO. MADRID 7 DE OCTUBRE 2016




En este homenaje en el que se recordó la ejecución de Granado y Delgado, militantes de las Juventudes Libertarias (JJLL) intervine para recordar que también había mujeres en la resistencia antifranquista en el exilio que participaron en el mismo proyectos que estos dos jóvenes asesinados por la Dictadura franquista. Este texto reproduce mi intervención.

La guerra civil española tuvo también un componente de género. Las mujeres se jugaron en ella la larga genealogía de cien años que había ido trazando un camino de emancipación. El conflicto bélico  constituyó una experiencia de libertad y de responsabilidad sin precedentes para las mujeres, asumieron una gran novedad: la mujer tenía que vivir sola, salir sola y asumir las responsabilidades familiares sola, algo que siempre se había considerado imposible y peligroso.
El franquismo cortó de tajo ese camino de emancipación femenina y fue un duro correctivo para muchas mujeres que vivieron un largo y silencioso exilio interior en España o bien marcharon fuera.
Hoy estamos aquí para recordar un trágico suceso, la ejecución de Francisco Granado y Joaquín Delgado el 17 de agosto de 1963. Y estamos aquí también para recordar que existió una oposición al franquismo que no se rindió nunca, que una parte de dicha oposición era anarquista y que en ella había mujeres como no podía ser menos.
No son pocas las mujeres que a principios de la década de 1960 estaban integradas en el Movimiento Libertario en el exilio, una parte de ellas en las JJLL y cumpliendo diversas funciones relacionadas con Defensa Interior (DI). La mayoría de estas mujeres eran hijas de militantes de la CNT y sus parejas también formaban parte del Movimiento Libertario. Las más mayores habían participado en la guerra civil, las más jóvenes no lo habían hecho por su edad, incluso había mujeres francesas, italianas o inglesas vinculadas al antifranquismo libertario.

Sus nombres son menos conocidos que los de sus compañeros, pero es nuestra obligación rescatarlas del olvido, conocerlas y reivindicarlas: Placida Aranda, Jacinta Escudero, Rosa Beriain, Casilda Likiniano (La miliciana), Teresa Margalef, Montse Turtós, Jeanine Valet, Paquita Román, Alicia Mur, Julia Hermosilla y Sara Berenguer entre otras mujeres.

No podemos olvidar tampoco a Pilar Vaquerizo, la compañera de Francisco Granado que quedó viuda con un hijo y dos hijas, Richard, María y Roxana, la mayor con unos doce años.

Entre estas activistas destacaré cuatro: Alicia Mur, Paquita Román, Sara Berenguer y Julia Hermosilla (Sara y Julia relacionadas además con MMLL).

ALICIA MUR
Alicia Mur nació en 1935, hija de militantes de la CNT, empezó a  militar en Paris siendo adolescente en las JJLL y desde el comienzo de las actividades de DI aportó su colaboración y solidaridad.
Fue detenida en Madrid en octubre de 1966, junto a Luis Andrés Edo y otros, acusada de pertenecer al grupo “Primero de Mayo”; grupo que preparaba el secuestro de un alto militar americano de la Base militar de Torrejón de Ardoz. Juzgada el 4 de julio de 1967, se la condenó a tres años y medio y cumplió tres.

Paquita Román era hija de militantes de la CNT y ella se integró en las JJLL de Paris, desde el comienzo de las actividades de DI aportó su colaboración y solidaridad.
Ella e Yvette Parent fueron enviadas como enlaces de sondeo y cayeron en la trampa que les tenía preparada la policía española. Detenida en Madrid en septiembre de 1962 en relación con los jóvenes libertarios detenidos también en Barcelona, Zaragoza y Vigo ese mismo año. Estaba encarcelada cuando la ejecución de Granados y Delgado. Fue puesta en libertad a mediados de 1965.

SARA BERENGUER

Sara Berenguer nació en 1919 en Barcelona, hija de cenetista, trabajó desde los 12 años primero en una carnicería y luego en un taller  donde aprendió el oficio de corsetera. Durante la guerra se dedicó intensamente a la lucha formando parte de varios comités e integrándose en las JJLL, Consejo Nacional de SIA (Solidaridad Internacional Antifascista) y MMLL (ocupó la secretaría de propaganda de MMLL y más tarde la secretaria general). Dio clases como maestra de párvulos en el Ateneo Cultural de Les Corts[1].
Al acabar la guerra civil pasó a Francia y entre 1941-45 fue enlace de la resistencia antinazi.
A comienzos de 1960 aparece ligada a los grupos de acción antifranquista, tras la reunificación de CNT, al lado de Alberola, Mera, Cañete y otros. Junto a su compañero Jesús Guillén formaban parte de la base fronteriza de Béziers con que contaba DI. Su casa en Montady, rodeada de huerto y jardín que construyeron con sus manos, fue una plataforma para el exilio y refugio de grupos españoles libertarios que entraban y salían de España clandestinamente, como Granados y Delgado[2].

JULIA HERMOSILLA

Julia Hermosilla, menos conocida que Sara, nació en 1916 en Sestao, Vizcaya. Sus padres eran ambos de la CNT desde 1910. Julia fue militante de las JJLL desde los 17 años; cuando estalló la guerra y la revolución, Julia con 20 años se enroló como miliciana en Bilbao y fue herida gravemente perdiendo audición en ambos oídos.
A la caída de Bilbao se trasladó con su compañero y su familia a Santander y allí embarcaron hacia Francia. Estuvo dos meses en Francia y volvieron a entrar de nuevo a Cataluña. Embarazada dio a luz en octubre de 1937 a su hija Vida y en Barcelona trabajó en una fábrica de cintos para el Ejército. En esta ciudad es donde conoció a Sara y se hicieron amigas para siempre.
Pasaron de nuevo a Francia al acabar la guerra y en 1940 se integró en la resistencia contra los nazis. Acabada la II Guerra Mundial Julia pasaba a Bilbao y Barcelona clandestinamente llevando prensa y documentación.
Junto con su compañero Ángel Aransáez formaban parte de la base fronteriza de Bayona con que contaba DI.
Julia realizó con Joaquín Delgado misiones de contacto en 1960 o 1961, por cuenta del Comité Intercontinental, con los grupos de la CNT en España durante el proceso de reunificación. También realizó una importante misión de estudio de los alrededores del Palacio de Ayete en San Sebastián para el proyecto de atentado contra Franco de 1962.
No podemos glosar aquí las vidas de todas las activistas que participaron en el mismo proyecto que Granados y Delgado, pero si recordar que estas mujeres además de militar, trabajar y sufrir penalidades, criaron a sus hijos e hijas y desde su humildad siempre pensaron que no habían hecho nada importante. Compartían con el anarquista Ramón Acín que nosotros no tenemos santos, nosotros no tenemos apóstoles, nosotros no tenemos ni mártires; pero tenemos corazón y somos amigos del amigo y camaradas del camarada[3].
Algo parecido les escribía la octogenaria Julia en una carta a Sara Berenguer el año 2002:
Somos una gran familia, vivimos con las mismas inquietudes. Luchamos por nuestras ideas ayudando a todo aquel que llama a la puerta, esas ideas que tantos dolores de cabeza nos dieron pero que cada día que pasa me siento más identificada con ellas (…).





[1] Antonina Rodrigo (2003): Mujer y exilio 1939. Flor del Viento, Barcelona, pp. 89-90.
[2] Antonina Rodrigo (2003), p. 98.
[3] Ramón Acín, “Florecicas”, Solidaridad Obrera, 23 de marzo de 1923,
No he conseguido encontrar ninguna fotografía de Paquita Román.

jueves, 13 de octubre de 2016

EUROPA ¿HACIA DÓNDE CAMINAS?


Hay que disociar una salvadora riqueza de diferencias de la larga crónica de aborrecimientos mutuos.
GEORGE STEINER

Las historiadoras Soledad Bengoechea y María-Cruz Santos afirmaban en un reciente artículo que tenemos mala memoria y que hace años que el huevo de la serpiente se ha vuelto a implantar con timidez en este continente. En los últimos años se han agudizado las desigualdades y las clases trabajadoras no tienen un proyecto ilusionante, tras la caída del comunismo y la desarticulación de la izquierda, para combatir las graves consecuencias de la crisis económica actual incentivada por el neoliberalismo.
A ello deberíamos añadir que la historia, o se ha convertido como dice G. Steiner en ese gran museo de los pasados sueños[1], o en materia de manipulación al servicio del nacionalismo, con lo que casi nadie parece conocer que estamos transitando por un camino que nos puede conducir de nuevo al abismo.
Steiner afirma que Europa se suicidó al matar a sus judíos[2]. La destrucción de seis millones de judíos europeos, la destrucción del mundo de Mahler, Alban Berg, Hofmannsthal, Broch, Kafka, Celan, Karl Kraus, Walter Benjamin, fue la destrucción del espíritu europeo, de la idea de Europa. Con la pérdida de dicho espíritu no quedó nada de Europa excepto una entidad sin cultura, sin alma, puramente geográfica, económica. La Europa de los banqueros, de la troika, que conocemos hoy.
Una Europa en la que la extrema derecha, presente en numerosos parlamentos europeos, extiende la idea de que la UE quita soberanía a los países miembros, especialmente el control de las fronteras y la libre circulación de trabajadores/as de la UE. En sus discursos las posiciones más ultras defienden ideas y propuestas nacionalistas radicales y xenófobas con total descaro al haberse olvidado del tejido social europeo que dichas posiciones provocaron la muerte de 100 millones de europeos/as entre 1914 y 1945.


La extrema derecha tiene un apoyo interclasista con una destacada incidencia entre las clases trabajadoras descontentas, empobrecidas y aterrorizadas por diversas amenazas obscenamente incrementadas y manipuladas por los medios de comunicación (un reflejo de ello fue el resultado electoral en Gran Bretaña favorable a la salida de la UE). La escalada de posiciones en los parlamentos europeos de partidos ultras (neonazis, neofascistas, racistas, antiinmigrantes, hipernacionalistas, antieuropeístas, casi siempre islamófobos e incluso violentos) ya no sorprende a nadie por lo generalizado que resulta. Han crecido en Noruega, Finlandia, Dinamarca, Bulgaria, Hungría, Austria, Holanda, Bélgica, Francia, Polonia… La deriva autoritaria ha seducido también a otros partidos que desde el poder, sin ser de extrema derecha, están aplicando medidas que son parecidas[3].
Europa tiene una gran riqueza lingüística, cultural y social que ha construido, a lo largo de su historia, un pródigo mosaico que con frecuencia convierte una distancia trivial, una separación de veinte kilómetros, en una división entre mundos[4]. Así fue en la primera mitad del siglo XX y el saldo de personas que pagaron con la vida fue muy elevado. Si Europa sigue el camino del nacionalismo, convertido en una religión; una religión secular cuyo dios es la nación[5], no es improbable que, al igual que en el periodo de entreguerras el fascismo llevó esa idolatría al más alto nivel hasta ahora conocido, podamos seguir una senda parecida de la mano de la extrema derecha en el siglo XXI
¿Sabremos reconducir la situación y salvar la riqueza de diferencias de la larga crónica de aborrecimientos mutuos[6]? ¿Seremos capaces de no mirar hacia otro lado y articular una alternativa de emancipación y de humanismo secular?





[1] George Steiner (2007): La idea de Europa. Siruela, Madrid, p. 70
[2] George Steiner, 2007: 22.
[3] Soledad Bengoechea y María-Cruz Santos, La deriva europea. Dues historiadores repassen la presència de la ultradreta als parlaments europeu. 21-07-2016.  https://directa.cat/actualitat/deriva-autoritaria-europea
[4] George Steiner, 2007: 72.
[5] Josep R. Llobera (1996): El dios de la modernidad. El desarrollo del nacionalismo en Europa occidental. Anagrama, Barcelona, p. 197.

[6] George Steiner, 2007: 73.

lunes, 3 de octubre de 2016

RAMÓN Y KATIA ACÍN. EL ARTE CONTRA LA VIOLENCIA



Dice Imre Kertész, en el ensayo “El intelectual superfluo”, que la tarea del arte es oponer el lenguaje humano a la ideología, recuperar la capacidad de imaginación y recordar al hombre su origen, su verdadera situación y su destino humano. Por eso la opción del arte solo puede ser radical.

Ramón Acín (Huesca, 1888), representante del arte de vanguardia de los años de entreguerras utilizó el arte de forma radical para denunciar la negra noche: la muerte, la falsedad de la máscara, el clero y las creencias que conducen a la oscuridad del fanatismo, la guerra, el maltrato animal o la violencia social aparecen en sus dibujos a lápiz sobre papel con un lenguaje expresionista y lleno de emociones que pretenden retornar a la armonía humanista.



La luz se expande a través de su opción radical por un arte como antídoto frente a la violencia y a través del compromiso social e individual con el anarcosindicalismo y con la libertad que conllevaba dicha opción ideológica. Por eso el recorrido concluye con la posibilidad de la revolución social, unir luz, vida y transformación, y para ello nada mejor que la educación, la transformación de la persona a través del conocimiento.


Muchos pensadores y escritores como Kertész, Vasili Grossman, Primo Levi, George Steiner o José Saramago consideran que la bondad es lo que en última instancia, ante una grave situación de violencia como la vivida en los años treinta y cuarenta, salva al ser humano y Acín era, por encima de todo, un hombre bueno. Un hombre que hubiera encajado muy bien en la Internacional de la Bondad que Saramago decía querer fundar si hubiera podido.



Acín soñaba con un mundo que suprimiera las injusticias sociales, un mundo respetuoso con la naturaleza y los animales que la habitaban, un mundo que permitiera el acceso de las clases populares a la educación y la cultura, un mundo sin violencia, sin estado, un mundo libre. Su pensamiento de rebelde ácrata lo sentenció a muerte un mes después del  golpe de Estado y del inicio de la guerra y la revolución. Diecisiete días después fue fusilada también su compañera Concha Monrás y sus dos hijas, Katia y Sol, quedaron huérfanas en una España en guerra. Muchos años después Katia expresó todo ese horror plásticamente como puede apreciarse también en la exposición que puede visitarse gratuitamente en la cuarta planta del IAACC Pablo Serrano de Zaragoza.