lunes, 23 de enero de 2017

HABLANDO, OTRA VEZ, DEL “PROCESO” EN CATALUÑA

Hace tiempo que he decidido desconectar del “proceso”, cosa nada fácil viviendo en Cataluña. Pasar pantalla, aislarme de la propaganda en un acto de desobediencia individual que, desde los medios de comunicación subvencionados por el poder en Cataluña, nos sumerge en una realidad inexistente[1]. En Cataluña, la postverdad hace cuatro años que se práctica en su máxima expresión, provocando que una parte importante de la población (no llega al 50% pero se aproxima) se considere mayoría y actúe como tal, logrando que muchas personas prefieran moverse por sentimientos patrios y por emociones nacionales y no por realidades objetivas.

El alud de publicaciones (en forma de ficción, ensayo, historia, etc.) tratando de hacer patria y demostrando el victimismo de Cataluña construyendo mitos sin realidad, me condujo a la desconexión de manera radical hace meses.
Sin embargo, Guillem Martínez es un periodista que me ofrece ciertas garantías de objetividad y decidí reconectar para leer su libro, La gran ilusión. Mito y realidad del proceso indepe. Se trata de un libro breve de poco más de doscientas páginas, un libro de divulgación de algunos aspectos que componen el mito, la ilusión del “proceso”.


El primer capítulo, “Pequeña historia de un país que fue un volcán, un mar interior”, no parecía augurar nada bueno. Resulta sorprendente que un periodista se lance a sintetizar en 50 páginas la historia de Cataluña desde el neolítico hasta la actualidad, algo complicado para cualquier historiador/a, una quimera para quien no lo es. Esas cincuenta páginas son un despropósito conceptual en el que se utilizan conceptos como pueblo, democracia, protodemocracia, partidos, prorrepublicano, etc., que él mismo reconoce en momentos determinados que no son palabras históricas[2]. Comete el error habitual de hablar de Cataluña y no de Corona de Aragón reiteradamente cuando habla de 1714 (con otras fechas para la derrota del resto de territorios de la Corona de Aragón en la guerra de sucesión). Y en fin, errores diversos entre los que me dejó sin aliento la afirmación de que en España se logró la jornada laboral de ocho horas siendo la más tardía de Europa[3], cuando por una vez es justo lo contrario.
Por fortuna no me desanimo con facilidad y continué leyendo. El resto del libro se centra en repasar el periodo  que va entre 1979 y 2010, periodo en que se instauró la democracia y dos estatutos, y a partir de ese año el periodo de austeridad (2010-2012), el primer “proceso” (2012-2015) y el colofón del segundo “proceso” (2015-2016). Con cierto detalle el autor hace un repaso del problema territorial en España en relación, especialmente, con Cataluña, el papel de CIU y de Jordi Pujol para favorecer la gobernabilidad a cambio de convertir Cataluña en su feudo para poder hacer negocios no siempre limpios, imponiéndose la corrupción y la construcción de mitos. En este sentido el autor ha olvidado el importante papel que cumplió la enseñanza en dicha construcción de mitos además de la estructuración de un sistema educativo que nunca ha respetado el bilingüismo en Cataluña, único caso en el mundo y contrario a las directrices dadas al respecto por la ONU en relación al respeto de la lengua materna como lengua de aprendizaje en la educación primaria.
La crisis económica, el movimiento 15 M, la crisis de los partidos que habían protagonizado el periodo político que se inició con la llamada “Transición” y el viraje de CIU para auto construirse como partido nuevo, independentista y guía del “proceso”. Un recorrido interesante y ajustado a la realidad que, en general, no suele ser habitual en las muchas publicaciones que, como ya he dicho, han inundado el mercado editorial catalán, más predispuesto a hacer patria que a la objetividad.
Sin embargo echo en falta algo fundamental en el libro de Martínez, ¿dónde está la población silenciada en el “proceso”? Me refiero a la población de izquierdas, mucha de ella viviendo en los barrios obreros de las grandes ciudades catalanas, que ha quedado huérfana, a veces de manera escandalosa, en los medios de comunicación, en las instituciones y en los partidos de izquierda, por su posición contraria al “proceso”. En Cataluña a este sector que compone la mayoría de la población, desmovilizada pero obstinadamente renuente a votar la propuesta independentista, le identifican el anonimato y el silencio excepto cuando se siente seguro entre gente de confianza. De este tema hablé extensamente en un texto con el título de “Cataluña, república de eufemismos” para no extenderme más ahora.

Un libro, por tanto, que puede aportar algo de objetividad y luz al tema del “proceso” si obviamos la parte histórica que es deleznable y el silencio sobre la parte de la población, no se olvide, mayoritaria, que no ha participado en “la gran ilusión”.



[1] Palabras en cursiva, unas entre otras muchas de las que los “medios de comunicación” gubernamentales han convertido en un mantra, desnaturalizando su significado (como el caso de la desobediencia civil).
[2] Guillem Martínez (2016): La gran ilusión. Mito y realidad del proceso indepe. Debate, Barcelona. Por ejemplo en la página 31 respecto a la palabra “democratización” aplicado a instituciones estamentales del Antiguo Régimen. O en la página 32 dónde se habla de constitucionalismo aragonés.
[3] En la página 53.

viernes, 13 de enero de 2017

SVETLANA ALEXIEVICH, Voces de Chernóbil. Crónica del futuro.
Hacía tiempo que no me impresionaba tanto un libro, la lectura de El fin del “Homo sovieticus” no me había preparado para afrontar estas Voces de Chernóbil.

Chernóbil es un enigma que aun debemos descifrar. Un signo que no sabemos leer. Tal vez el enigma del siglo XXI. Un reto para nuestro tiempo. Ha quedado claro que además de los desafíos comunista y nacionalista y de los nuevos retos religiosos entre los que vivimos y sobrevivimos, en adelante nos esperan otros, más salvajes y totales, pero que aún siguen ocultos a nuestros ojos. Y, sin embargo, después de Chernóbil algo se ha vislumbrado (45).



Algunas impresiones:

1
Chernóbil muestra la capacidad para la destrucción total, más allá de Auschwitz está Chernóbil, un accidente nuclear que mata todo a su paso. La destrucción salvaje y total. Una destrucción que no se asemeja a la guerra, la medida del horror siempre. Con Chernóbil ha empezado la historia de las catástrofes (48) en la que el mal no da explicaciones e ignora cualquier ley. Chernóbil nos propone un punto final. Se apoya en la nada (53). Toda la Tierra está en peligro.

2
Chernóbil (1986) mostró hasta donde había llegado el comunismo, ese sistema (distópico) del que este año se cumplen cien años. Un sistema totalitario que produjo el “homo sovieticus”, un hombre capaz de ir a la muerte desinformado y alardeando de patriotismo y de la capacidad para hacer hazañas imposibles. Crédulo de las mentiras oficiales y sin capacidad de reacción. El socialismo, dice uno de los entrevistados, es una mezcla de prisión y jardín de infancia (…) El hombre entregaba al Estado el alma, la conciencia, el corazón, y a cambio recibía una ración (217).

3
El accidente nuclear mostró la crueldad de un sistema que fue capaz de enviar a miles de personas a una muerte segura. Los liquidadores fueron las principales víctimas, eran los que trabajaban en el reactor sin protección alguna y con la más elemental falta de derechos. En la liquidación de las consecuencias de la avería se destinaron, en total, 210 unidades militares: cerca de 340.000 militares.

4
La insignificancia de la vida humana. Los hombres eran para ellos [para los comunistas] polvo, el estiércol de la historia (339). La historia omitida. El engaño del sistema a quienes se vieron obligados a hacer frente al accidente.  Se engañaba a la gente y la engañaba el Estado, una institución en la que se había enseñado a creer y a temer. Con Chernóbil explotó todo el sistema de valores que había construido el comunismo.

5
El fatalismo ruso, ¿para qué hacer nada si las cosas irán como han de ir?, el destino está fijado. Relatos desoladores de enfermedad, sufrimiento extremo y muerte. De los diez millones de personas que viven en Bielorusia, más de dos millones viven en tierras contaminadas.

6
La ciencia mostró que estaba al servicio de la política, que no se podía confiar en ella, que primaba el corporativismo por encima de la verdad. Espectacular el “Monólogo acerca del poder ilimitado de unos hombres sobre otros” del exdirector del Instituto de Energía Nuclear de la Academia de Ciencias de Belarús (356-366).

7
Voces de Chernóbil tiene vocación de escribir y recoger la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras de la gente común y corriente. Hablan las víctimas. Habla la vida cotidiana del alma (44).

martes, 3 de enero de 2017

FANATISMOS

Amos Oz realiza una reflexión lúcida sobre uno de los problemas de nuestro tiempo: el fanatismo. En tres conferencias dadas en 2001 y 2002, el autor habla de fanatismo pero habla de muchas otras cosas, especialmente, del conflicto entre Israel y Palestina y de  propuesta de paz para solucionarlo. Los títulos de estos escritos son significativos: “Sobre la naturaleza del fanatismo”, “Sobre la necesidad de llegar a un compromiso y su naturaleza” y “Sobre el goce de escribir y el compromiso”.


Oz empieza fuerte en su primer escrito cuando afirma que el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana, un gen del mal (13). El fanatismo puede aparecer al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo. Inmediatamente  aparece el traidor: es cualquiera que cambia (19). El fanático/a se cree en posesión de la verdad, mucho más si su posición viene avalada por Dios, con mayúsculas. Por tanto, siempre deseará que el que no forma parte de los privilegiados creyentes (no me refiero solo a creyentes religiosos, pueden ser creyentes de otras ideas de lo absoluto, desde el nacionalismo a los partidarios de revoluciones varias) cambie de opinión y se una a sus creencias. Por lo mismo no aceptaran a quien estando en la creencia, se distancia y adopta posiciones diferentes, para ese tienen la condena: TRAIDOR/A.

Otros factores o actitudes pueden conducir al fanatismo: la conformidad y uniformidad, la urgencia por “pertenecer a”; en segundo lugar, el culto a la personalidad y la idealización de líderes políticos o religiosos.
El conflicto entre  Israel y Palestina no es un conflicto interno, nos dice Oz, sino que es internacional. Tampoco es una guerra religiosa. No es más que un conflicto territorial (30), por ello se podría solucionar más fácilmente que de mediar creencias.

En la segunda conferencia, el autor señala que ambas comunidades, israelitas y palestinos, tienen un gran problema porque ambos se creen con derecho a la tierra en que habitan, ambos consideran el mismo pequeño país como su única patria. La única forma de arreglar ese conflicto es a través del acuerdo con un compromiso doloroso para ambas partes porque ambos tendrán que ceder.

Tanto los palestinos como los israelitas son las víctimas del mismo enemigo: Europa. Amos Oz no se siente europeo ni simpatiza con Europa pese a sus raíces familiares europeas. Europa con la colonización de Oriente Próximo y Europa con el Holocausto ocasionaron graves problemas a ambos pueblos.  Pese a esta coincidencia, el acuerdo es muy difícil porque israelitas y palestinos no ven al otro tal y como es, solo ven estereotipos cargados de odio.
La propuesta de Oz es abrir una negociación para crear dos Estados.

El autor marca distancias con los movimientos pacifistas europeos, él no se considera pacifista en el sentido sentimental de la palabra, ya que si hiciera falta lucharía por la vida y la libertad, por nada más. El pacifista europeo marca la guerra como el mal supremo, sin embargo para Oz, el mal supremo es la agresión. Pese al papel negativo de Europa en la zona, el autor reflexiona sobre lo importante que fue este continente para las familias de la mayoría de los israelitas (incluida la suya).

Cuenta Amos Oz que su padre cuando vivía en Europa antes de la II Guerra Mundial veía pintadas y carteles con la frase: “Judíos fuera de Europa, judíos a Palestina”, cuando viajó años después de la guerra a Europa, vio pintadas y carteles con la frase: “Judíos fuera de Israel”. ¿Adónde pertenecen los judíos? se pregunta Oz…

Respecto a la lectura, afirma Oz, que los israelíes leen mucho, más que cualquier otra nación excepto los islandeses, sin embargo no leen novelas para disfrutar, leen para enfadarse, leen para iniciar una polémica. Ahí dejo esa interesante afirmación de Amos Oz, no creo que sean los únicos lectores/as que lo hacen, ni creo que sea totalmente negativo el afán de polemizar.


Un librito muy recomendable: AMOS OZ, Contra el fanatismo.

viernes, 23 de diciembre de 2016

POSTVERDAD (con brevedad)


El termino postverdad está de moda, aparece en los medios de comunicación continuamente. Ha sido el Oxford English Dictionary quien lo ha definido: “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.


Lo que llamamos postverdad no es una novedad puesto que las emociones y creencias han tenido siempre un papel muy relevante en política: el nacionalismo, el revolucionarismo armado, el fascismo, la religión como arma política (hoy más actual que nunca), entre otros movimientos, han actuado siempre sobre las emociones convirtiendo las subjetividades en protagonistas de sucesos históricos relevantes. Pero además, la postverdad ha constituido la “verdad” de los regímenes totalitarios, el franquismo fue un ejemplo de que solo existía la verdad que difundía el régimen, la represión y, por tanto, la falta de libertades lo hacía creíble para la masa de población amedrentada y silenciosa, la famosa “mayoría silenciosa” que hizo posible la muerte del Dictador en la cama.
Sin embargo en la actualidad hay novedades importantes sobre las que reflexionar: en primer lugar la postverdad se ha instalado en sistemas democráticos con abundantes medios de información entre los que destacan las redes sociales. En segundo lugar la política institucionalizada tiene serias dificultades para entender la importancia de dichas creencias y emociones, la postverdad está en la capacidad que tienen algunos sectores políticos para presentarse como lo que no son, prometiendo lo que no pueden hacer (por ejemplo Trump presentándose y teniendo credibilidad como anti-sistema). En tercer lugar la incapacidad de la izquierda para manejarse en este mundo de postverdades con lo que acaban apuntándose a ellas (por ejemplo en Cataluña avalando que un 48% de votos equivale a una “mayoría clara” por la independencia y pactando con la antigua Convergencia ahora trasmutada en antisistema).

Malos tiempos para la verdad y los hechos objetivos, malos tiempos para la lírica.

martes, 13 de diciembre de 2016

IMRE KERTÉSZ, Kaddish por el hijo no nacido

El kadish es uno de los rezos principales de la religión judía, se trata de una plegaria que se reza solo en público. Existen varias clases de kadish según la ocasión, pero el que ha alcanzado más relevancia es el kadish de los huérfanos, la plegaria en memoria de los muertos. Es con esta acepción con la que más se conoce.
Kertész escribe en esta breve e intensa obra de 147 páginas una auténtica plegaria por el hijo no nacido en la que tienen cabida otros temas relevantes sobre la vida (mejor la supervivencia), la escritura, el amor, el matrimonio y, como no, su condición de judío. Se trata de un texto exigente porque apenas hay puntos y aparte, su lectura exige concentración, tiempos largos de lectura (una nunca sabe dónde dejar de leer por la continuidad del texto) y lentitud.
Estamos ante un texto sin concesiones, austero, brutal incluso, en el que al utilizar el estilo testimonial (un hombre nos habla de sí mismo, se confiesa literalmente),  resulta de una honestidad descarnada, desgarradora.


El libro empieza con un ¡No! contundente, sin titubear y de manera como quien dice instintiva (7). Un ¡No! que alcanza su verdadera dimensión en su negativa a tener hijos cuando se lo plantea su pareja:
“¡No!”-- nunca podré ser padre, destino, dios de otra persona,
“¡No!”-- nunca podrá ocurrirle a otro niño lo que me ocurrió, la infancia (112).
Y partiendo de esta negativa rotunda empieza a contarle a su mujer, o tal vez a sí mismo, la historia de su infancia, con toda la obsesión y prolijidad, sin inhibirse, durante días, semanas, de hecho la sigo narrando, aunque ya no a mi mujer. Su niñez marcada por el padre, por la autoridad incontestada, por Auschwitz. Una niñez que relata en busca de la lucidez que es lo mismo que decir la autoliquidación consciente…, palada a palada Kertész cava su propia tumba en las nubes (23) (…) en los vientos, en la nada (145).
Sobre su condición de judío, el autor afirma que él y su familia no eran verdaderos judíos, eran no-judíos, judíos urbanos, judíos de Pest. Es decir, no eran practicantes de oración por la mañana, por la noche, antes de comer, oración con el vino, como comprobó en su infancia que lo eran sus tíos con quienes le enviaron unas vacaciones de verano. Sin embargo, inesperadamente, su condición de judío se hizo relevante por cuanto tal condición implicaba en general la sentencia de muerte. Y así aprendió a hacer las paces con la idea de su ser judío, igual que lo hace con otras ideas desagradables (32).
Pero Kertész descubre también en su monólogo porqué escribe. Afirma que escribía porque tenía que escribir (39); quizás consideraba la escritura como una huida (…) y hasta una salvación, la salvación de mí mismo y, a través de mí, de mi mundo material y (…) espiritual (40).
Y en el camino hacia la lucidez, descubre que:

(…) escribir sobre la vida equivale a pensar sobre ella, que pensar sobre la vida equivale a cuestionarla, y que solo cuestiona su propio elemento vital aquel a quien este elemento asfixia o quien de alguna manera se mueve en él de un modo contrario a la naturaleza. Descubrí que no escribo para buscar la alegría sino todo lo contrario: que por medio de la escritura busco el dolor, el dolor más intenso, casi insoportable, seguramente porque la verdad es dolor, y la respuesta a la pregunta sobre qué es el dolor, escribí, es muy sencilla: la verdad es lo que consume, escribí (104).

Y todas estas reflexiones acaban en Auschwitz. Y la constatación de que el totalitarismo ha existido (y puede volver a existir) porque las personas contribuyen a que exista con la esencia de sus vidas y hasta con su mera conservación en tanto que se aferran a conservar sus vidas. Hay por ello una rebelión del autor hacia la idea de que Auschwitz no tiene explicación, por el contrario Kertész piensa que el mal siempre tiene una explicación racional y que lo que no la tiene es el bien (53), porque para que el bien actúe es precisa la libertad, es decir, aquello que no debía hacer y que ninguna persona en sus cabales espera del ser humano. Por fortuna el mundo es nuestra quimera llena de sorpresas inconcebibles (60).
Su posición está teñida del pesimismo de una vida basada en su inconcebible supervivencia. Y un pronóstico desgarrador y desolador:

(…) aunque obviamente nada sea idéntico a nada ni nadie idéntico a nadie, también es evidente que, tras el fugaz interludio de una generación, todo vuelve a ser igual e incluso cada vez más igual (114).


Kertész mereció un Nobel en 2002, su valía como escritor crecerá con el paso del tiempo, estoy segura.

sábado, 3 de diciembre de 2016

¿Tiene futuro la verdad? G. Steiner

Empezaré el recorrido de Nostalgia del absoluto de G. Steiner  con la formulación de esta pregunta que hace al final: 

¿Tiene futuro la verdad?

Steiner, para responder a esta vital pregunta parte de la constatación de la erosión de la religión organizada (específicamente del cristianismo) en la sociedad occidental desde hace algo más de 150 años. El decaimiento del cristianismo creó un inmenso vacío (15) relacionado con las percepciones de justicia social, sentido de la historia humana, relaciones mente-cuerpo y lugar del conocimiento en nuestra conducta moral. La nostalgia del Absoluto que generó la erosión del cristianismo, dio lugar a tres mitologías que trataron de cubrir el vacío cumpliendo tres condiciones: pretensión de totalidad; formas reconocibles de inicio y desarrollo; y un lenguaje propio.


Las mitologías elaboradas en occidente (marxismo, psicoanálisis y  antropología estructural), pueden ser antirreligiosas pero su estructura, aspiraciones y pretensiones son religiosas en su estrategia y en sus efectos según el autor.
Los tres primeros capítulos los dedica Steiner a analizar estas mitologías que parten de la racionalidad, dedicando el cuarto capítulo a las basadas en la irracionalidad, la superstición y el escapismo infantil.

Los tres autores de las analizadas mitologías, Marx, Freud y Lévi-Strauss, son judíos y, según el autor, hay aspectos judaicos específicos en los tres, los tres arrancan de la metáfora compartida del pecado original y cada uno incorpora aspectos del judaísmo como la promesa de redención, el mesianismo utópico, su furia en pro de la justicia, la lógica de la historia o la visión promisoria de Marx. La visión de la vuelta a casa con la muerte, el pesimismo y severidad de su ética o la confianza en el poder de la palabra de Freud. El sentimiento obsesivo de la retribución, del fracaso del hombre a la hora de observar sus responsabilidades contractuales con la creación o la visión apocalíptica de la humanidad de Lévi-Strauss.

El sentimiento occidental de fracaso ha provocado también una reacción contra el centralismo étnico y cultural que marca el pensamiento europeo y anglosajón desde la antigua Atenas hasta el periodo 1920-1930. Eso lleva a mucha gente, especialmente joven, según Steiner, a mirar a otras culturas donde creen encontrar la inocencia y un legítimo impulso de reparación (107).

La cultura occidental está sufriendo una dramática crisis de confianza y ahí se inscribe la religión cristiana por su actitud ante las dos guerras mundiales (muy interesante lo que dice al respecto de la actitud de la iglesia  ante la masacre de la IªGM y el genocidio y terrores totalitarios posteriores). Pero los recrudecimientos de los grandes terrores políticos homicidas y la vuelta a la mentira, tortura e intimidación mostraron la insuficiencia de la Ilustración y de la razón secular (el contrato humanista liberal quedó roto con los campos de concentración). El impacto del doble fracaso (religión y racionalismo ilustrado) sobre la psique occidental fue destructivo y esto es lo que les condujo a confiar en el irracionalismo.
Por debajo de la gran oleada de insensatez está en acción esa nostalgia del Absoluto, ese hambre de lo trascendente que observamos en las mitologías, en las metáforas totalizadoras de la utopía marxista, de la liberación del hombre, en el esquema de Freud del sueño completo de Eros y Tánatos, en la punitiva y apocalíptica ciencia del hombre de Levi-Strauss (108).
Las teologías posreligiosas o sustitutas y todas las variedades de lo irracional han demostrado ser ilusiones.

La gran ausente para el autor es la ciencia. Y aquí, parte de la idea de que el ser humano con la verdadera comprensión científica lograría satisfacer los ardientes deseos de verdad del espíritu humano y del alma humana (113). Y añade tres conclusiones preocupantes:

·         La verdad no tiene por qué ser amiga del ser humano.

·      Somos huéspedes de un universo que no está cortado a la medida del ser humano.

·        La verdad tiene futuro, que lo tenga el ser humano es mucho menos claro.

Un ensayo que abre muchos interrogantes y que ofrece mucho para pensar. El futuro de la humanidad es muy difícil y claramente caminamos al abismo.

GEORGE STEINER (1974) [12ª ed, 2014]: Nostalgia del absoluto. Siruela, Madrid.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

FERRER, ASCASO Y DURRUTI. Homenaje en el cementerio de Montjuïc (20-11-2016)


LA ACTUALIDAD DEL ANARQUISMO EN EL 80 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE 1936 (NOVIEMBRE DE 2016)

Estos tres hombres por todos/as conocidos se han convertido en el símbolo de la famosa cita de Proudhon, Destruam et edificaba. Destruir y edificar, una síntesis que evita que la destrucción se convierta en simple terrorismo y el edificar en construir sin un criterio de emancipación.


Comparto con Ramón Acín la siguiente afirmación: 
Nosotros no tenemos santos, nosotros no tenemos apóstoles, nosotros no tenemos ni  mártires; pero tenemos corazón y somos amigos del amigo y camaradas del camarada.
Por eso este año nos volvemos a reunir aquí, en mi caso convocada por una admirable mujer, Antonina Rodrigo, para recordar a tres hombres y, para destacar en este 2016, el 80 aniversario de la revolución que se puso en marcha como consecuencia del golpe de Estado de buena parte del Ejército sustentado por la Iglesia católica y la oligarquía. El vacío de poder que provocó la actuación militar, fracasada en parte por la reacción de las clases populares a través de sus organizaciones (así murió Ascaso), facilitó el asalto al poder impulsado por el sindicalismo y el anarquismo. La defensa la asumieron las milicias, el “pueblo en armas”, que provocó la muerte de algunos que voluntariamente fueron al frente (de esta manera murió Durruti); la organización política la asumieron los Comités y la economía se colectivizó en parte.

Pronto la revolución encontró dificultades relacionadas con la propia inexperiencia del movimiento libertario y con las fuerzas contrarias al proceso de transformación en el bando republicano, incluidas las exigencias inherentes a la guerra. El final lo conocemos bien. La derrota fue de grandes dimensiones y el anarquismo pareció pasar a la historia y convertirse solo en un recuerdo glorioso para protagonizar conmemoraciones.

Sin embargo, no estaría aquí si pensara que la anarquía es cosa del pasado. Por el contrario es un proyecto político y filosófico con validez y actualidad, siempre y cuando se adapte al presente y a lo que está por llegar. Tiene la posibilidad de ser un proyecto común para una multitud de situaciones, para una infinidad de maneras de sentir, de percibir y de actuar[1].


No podemos pretender que el anarquismo sea una especie de catálogo de principios inmutables, si lo pensáramos así desactivaríamos lo más valioso de sus propuestas puesto que su esencia es movimiento, transformación y adaptación a las nuevas realidades. La idea no puede permanecer estática si la realidad cambia, por ello el anarquismo futuro no puede parecerse al que hemos heredado o al que hoy conocemos. Si los dispositivos de dominación se van transformando en el transcurso del tiempo histórico, también se modifica correlativamente lo que se opone a ellos, lo que les planta cara, incluida la lucha que desarrolla el anarquismo[2].

Si tuviera que destacar algunos aspectos que considero plenamente actuales, estos serían los siguientes:

En primer lugar, su crítica al Estado y al poder político, así como la denuncia de la manipulación que el poder realiza sistemáticamente del  espontaneísmo y de la democracia directa. El anarquismo siempre ve en el Estado una fuente de control y coerción. La esencia de todos los gobiernos sigue siendo desempoderar fácticamente a los ciudadanos[/as] e inocular en su conciencia la necesidad que tienen de gobiernos fuertes para garantizar la gobernanza[3].

En segundo lugar su desconfianza hacia la capacidad del Estado para hacer iguales a las personas renunciando a la libertad, algo que edificó en la URSS y en otros países terribles distopias. De esta desconfianza se deriva la necesidad de unir en un todo, libertad e igualdad, ya que la una sin la otra no caben en un planteamiento anarquista.

Y en tercer lugar, su negativa a poner en marcha vastos proyectos de ingeniería social, como hicieron el comunismo y el fascismo, con las consecuencias que conocemos. En el anarquismo es primordial el compromiso ético, es decir, no se pueden alcanzar unos objetivos acordes con los valores anarquistas tomando unos caminos que los contradigan[4]. Los fines nunca justifican los medios. Por la dimensión ética de la rebelión que convierte la cultura y  la educación en  elementos fundamentales fue ejecutado Ferrer y Guardia.

Lo más valioso del anarquismo hoy son las intuiciones básicas que han echado hondas raíces en experiencias variadas que han ido depositando, a modo de capas superpuestas, multitud de hombres y mujeres que han protagonizado mil y un combates anteriores. Se trata de recuperar lo menos doctrinario, lo más informal, en definitiva, lo más difuso, que, a veces, percibimos como debilidad cuando su fortaleza está presente en las muchas voces de la disconformidad del siglo XXI.

Por eso comparto el concepto de "anarquía positiva" de Proudhon que actualiza Daniel Colson cuando afirma que la anarquía es un "prender", un "cuajar" de cuerpos y sentidos, no como se solidifica el hormigón (esa es la manera del fascismo religioso y el integrismo islámico), sino más bien en el sentido de una improvisación de jazz: modos de asociación de entidades radicalmente dispares y singulares que recomponen el mundo sin dejar nunca de ser diferentes, de tener una realidad, un modo de ser y un punto de vista radicalmente irreductibles a todos los demás[5].

El anarquismo o es una utopía o no es nada, ahí reside su actualidad, en los deseos que canaliza de una sociedad cuyo epicentro es la libertad.
Y concluyo, como es habitual en mí en este acto, con las palabras del escritor Eduardo Galeano:
Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.
 



[1] Daniel Colson (2003): Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Nueva Visión, Buenos Aires, p. 30.
[2] Tomás Ibañez (invierno 2016): “El anarquismo que viene”. Libre Pensamiento, nº 88.
[3] Félix García Moriyón (primavera 2016): “El anarquismo y los anarquismos”, Libre Pensamiento, nº 86.
[4] Tomás Ibañez (invierno 2016): “El anarquismo que viene”. Libre Pensamiento, nº 88
[5] Entrevista a Daniel Colson (7-10-2016): “El anarquismo es extremadamente realista”. http://www.eldiario.es/interferencias/Daniel_Colson-anarquismo_6_567003317.html