jueves, 23 de febrero de 2017

AMO A IMRE KERTÉSZ

Lo que hoy en día presentan como democracia poco tiene que ver con la res publica; más bien lo llamaría democracia del libre mercado. (…) se encamina de manera descarada hacia la centralización, hacia la concentración del dinero y del poder; (…) ¿No nos aguarda un fascismo discreto, con abundante parafernalia biológica, supresión total de las libertades y relativo bienestar económico? (p. 25-26).

Por fragmentos como este amo a Kertész y aspiro a leer toda su obra, habrá quien ya lo haya hecho, a mí me quedan, por fortuna, algunas por leer. No las estoy leyendo ordenadamente aunque si leí Sin destino en primer lugar. Mi sexta lectura ha sido esta obra póstuma publicada en 2016.
La última posada son los diarios (auténticos y de ficción) escritos entre 2001 y 2009 pero también el intento de escribir la obra de ficción La última posada, que aparece dentro del libro. El formato de diario le da a Kertész la libertad para escribir de todo, acrecentada por el hecho de que asume su papel de escritor enfermo y viejo que se acerca a la muerte y lo explica sin guardarse nada. Es esta la razón por la que este último libro rezuma sinceridad y verdad, pero también afirmaciones políticamente incorrectas, a veces repetitivas que le dan una apariencia de espontaneidad, quizás descuido en algún momento, pero también frescura.


Esta especie de testamento vital y literario recoge todo aquello que se le ocurre al autor, así que las reflexiones sobre libros y autores ocupan un papel interesantísimo, por lo menos para mí. Su lucidez al observarse a sí mismo, y a su obra, es conmovedora a veces, perturbadora muchas otras.
¿Para qué sirve este cuaderno de bitácora? ¿No lo he abierto para apuntar los últimos fondeaderos, para apuntar las últimas copas en las últimas paradas, para girar el timón rumbo al último puerto? (106).

No es nada fácil hablar de la vejez y la muerte sin trabas como lo hace Kertész. Quizás esta última obra de Kertész no aporte nada nuevo a lo ya escrito pero su lectura te lleva por muchos de los vericuetos de su vida y de su manera de pensar. La libertad con la que expresa sus emociones, el existencialismo que rezuma todo el texto, el pesimismo-realismo sobre la situación actual (la existencia gregaria, la evolución hacia la incapacidad política, p. 11), sus opiniones literarias y musicales, todo aquello, en definitiva, que le resulta relevante en un momento dado, me interesa como lectora entusiasta de Kertész.
Algunas de las reflexiones por las que amo a Kertész:
La vejez -nunca lo había pensado- empieza de golpe. De un día para otro, casi de un instante para otro (16).
(…) la época en que vivimos es incompetente (17). 
El caos también es orden, pero el orden de otros (50). 
No hay que entender los libros, basta la inspiración que despiertan en nosotros, a menudo por el mero hecho de tenerlos en las manos y leerlos. No importa el libro, sino su lector (77). 
Budapest. Dicen que no me interesa lo que significa ser húngaro. No, les respondo, a mí me interesa lo que significa ser (226). 
Europa está en un evidente atolladero ético del que no logra salir desde Auschwitz (236). 
La escritura como el arte del silencio (268).

Una obra imprescindible. Así cierra el libro:
Siempre he tenido una vida secreta, y siempre ha sido la verdadera (294).







lunes, 13 de febrero de 2017

ESCRITORAS ANARQUISTAS. LA PALABRA COMO SEMILLA DE REBELIÓN


Este artículo del que soy autora ha sido publicado en el último número de la revista Crisis (10 Dciembre 2016).




En el siglo XIX cuando arraigó el anarquismo en España existía una división que tendemos a olvidar, la frontera entre la escritura y la oralidad.  La escritura marcaba una diferencia de clase: se abría una brecha entre hablantes y escribientes, iletrados o letrados[1]. No dominar la lectura y la escritura era percibido por las clases trabajadoras como una carencia, el anarquismo batalló para llenar ese vacío. Algunos/as anarquistas sabía leer y escribir pero su mundo era el oral, quizás por ello daban tanta importancia a la palabra escrita como semilla de rebelión que, si se extendía, podía acabar con la opresión.
No es raro, por tanto, la proliferación de escritores/as dentro del mundo ácrata, así como la fundación de periódicos y revistas, de vida efímera muchos de ellos, pero que constituía un elemento clave de su idiosincrasia, mucho más que las orsinis o las stars que el poder ha convertido en signo de identificación del  anarquismo. Donde había un anarquista había un periódico y, por tanto, obreros/as ilustradas.
Un ejemplo de obrera ilustrada es Teresa Claramunt (1862-1931)[2], obrera textil cuya formación académica se limitó a los estudios primarios hasta los diez años y que escribió centenares de artículos en la prensa anarquista, una obra de teatro, titulada “El mundo que muere y el mundo que nace”[3] y un  folleto de dieciséis páginas  titulado, La mujer. Consideraciones generales sobre su estado ante las prerrogativas del hombre. En este texto, publicado en 1905, sentó los fundamentos del feminismo anarquista obrerista.
Pero Teresa destacó sobre todo como maestra en el arte de la palabra oral. De ella decía Federica Montseny (1905-1994) que tenía una voz impregnante, una voz que atraía enseguida, destacaba como oradora por su fuerza expansiva, simplista, por su simpatía, que atraía las almas. Federica reafirmaba que Teresa no tenía cultura, no usaba frases floridas, pero tenía el instinto certero del Pueblo[4].
La propia Federica Montseny fue otra mujer escritora, con formación proporcionada por su madre, Teresa Mañé (1865-1939), ya que nunca fue a la escuela. Mañé, amiga de Teresa, tuvo formación como maestra y es otra de las pioneras del feminismo anarquista que escribió y dio vida, junto con su compañero Juan Montseny, a una de las revistas anarquistas más interesante, La Revista Blanca[5].
Federica fue una destacada dirigente y una de las intelectuales anarquistas más prolíficas, ya que escribió unos seiscientos artículos, quince folletos, dos novelas y alrededor de cincuenta cuentos dentro de las series de La Novela Ideal y La Novela Libre publicadas por la editorial de La Revista Blanca[6]. Las novelas sociales eran textos breves que creaban héroes y heroínas de barriada que desafiaban a patronos, padres autoritarios, caciques o curas. Estas novelas se introdujeron en los hogares obreros y sus protagonistas formaban parte de las conversaciones vecinales, sindicales o de los cafés de las cooperativas, posibilitaban el debate, la exclamación, la simpatía o el odio hacia personajes y temas conocidos por quienes las leían. Tuvieron un éxito extraordinario y se llegaron a hacer tiradas de diez mil ejemplares, llegando algunas a los cincuenta mil[7].
La II República fue un importante momento de visibilidad de las mujeres en la esfera pública como es el caso de Lucía Sánchez Saornil (1895-1970). Nacida en Madrid, con veintiún años ingresó en la plantilla de  Telefónica como operadora y ese mismo año vio publicados algunos poemas en la revista Los Quijotes. Ya en CNT, en 1927 fue castigada por su actividad sindical y trasladada a Valencia durante dos años. Despedida antes de la proclamación de la II República fue readmitida en octubre de 1936 y estuvo en plantilla hasta mayo de 1939 cuando fue suspendida al ser “depurada”[8].
En Los Quijotes firmaba con el seudónimo masculino de Luciano de San-Saor. Sus primeros poemas fueron arrebatos sentimentales de fino lirismo que se podían incluir dentro del modernismo. Eran poemas amorosos, de un yo masculino, dirigidos a un destinatario femenino que revelaban una considerable osadía por su concepción sensual y su rechazo del ideal del amor-pasión[9].
En 1918 Vicente Huidobro trajo de Paris la propuesta del movimiento vanguardista conocido como Ultraísmo: conjunción de elementos futuristas, dadaístas y creacionistas. En enero de 1919 se constituyó el grupo y ese mismo mes la revista Cervantes publicó un Manifiesto fundacional, Lucía fue la única representante femenina.
Su primer poema próximo a la estética de vanguardia fue publicado en junio de 1919 en la revista Cervantes, son versos sin rima con motivos procedentes de la vida contemporánea preconizados por el futurismo y alguna metáfora audaz. Lo que no abandonó fue su temática sentimental (Martín, 1992: 51-52). En sus poemas Lucía ya provocaba una cierta desestabilización de los estereotipos de género y una  dimensión lésbica que influyeron en su posterior decantación en favor de la emancipación femenina.
Su compromiso de clase pronto se amplió con el de género, materializándose en la propuesta de crear una revista cuyo primer número salió, en mayo de 1936, con el título de Mujeres Libres. Las fundadoras, que además de Lucía, fueron Mercedes Comaposada (1901-1994) y Amparo Poch (1902-1968), deseaban crear espacios colectivos para facilitar el encuentro e impulsar la capacitación laboral y el acceso a la educación de las obreras. Fue ese mismo año cuando se constituyó la organización  “Mujeres Libres” que demostró un grado de conciencia feminista muy desarrollado al cuestionar el sistema patriarcal y vincular la emancipación femenina con la transformación revolucionaria, es decir, uniendo lucha de género y lucha de clases. Con una gran modernidad de planteamientos asentó la libertad femenina a partir del desarrollo de la independencia psicológica y de la autoestima. De este modo, las mujeres se convertían en sujetos de su proceso de liberación, que no solo se basaba en la independencia económica, sino en el empoderamiento y la afirmación de la personalidad femenina.
Al producirse el alzamiento militar, miles de mujeres irrumpieron en el escenario público en defensa de la República y/o de la revolución social. Durante la guerra las mujeres alcanzaron una visibilidad y un reconocimiento jamás logrado. Algunas llegaron a desempeñar responsabilidades políticas como fue el caso de Federica Montseny primera mujer ministra en España al detentar la cartera del recién creado Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Montseny nombró como colaboradoras a la Dra. Mercedes Maestre (UGT) en Sanidad y a la Dra. Amparo Poch (“Mujeres Libres” y CNT) en Asistencia Social, cuando esta se trasladó en el otoño de 1937 a Barcelona fue directora del Casal de la Dona Treballadora dedicado a la capacitación de la mujer obrera.
Lucía participó activamente y se involucró en el proceso revolucionario puesto en marcha con el golpe de Estado y continuó escribiendo poemas como el de “Madrid, Madrid, mi Madrid” en 1936, poema incluido en su “Romancero de Mujeres Libres” (1938). Estos poemas tenían inferior calidad a los de su etapa ultraísta, son poemas escritos desde la militancia, a vuelapluma, que buscaban la comunicación inmediata para exacerbar los sentimientos revolucionarios.
Lucía resistió en Madrid hasta mediados de 1937, luego se trasladó a Valencia y se integró en la redacción del semanario gráfico Umbral, fue en esta ciudad donde conoció a las hermanas Barroso y una de ellas, América  (Mery), trece años más joven que Lucía, se convirtió en su compañera para siempre (Fontanillas y Martínez, 2014: 47).
La actividad intensa de Lucía continuó durante el año 1937, tanto en “Mujeres Libres”, ya que asistió y glosó los acuerdos tomados en su Conferencia Nacional donde quedó constituida la Federación Nacional, como en su faceta de escritora, ya que asistió al XI Congreso de escritores antifascistas. Umbral se trasladó a Barcelona a finales de 1937, o principio de 1938, y Lucía y Mery marcharon también a esta ciudad. Igual decisión adoptó “Solidaridad Internacional Antifascista” (SIA) que renovó su Consejo Nacional  con la incorporación, entre otros, de Lucía en Prensa y Propaganda. En mayo de 1938 Lucía asumió la función de Secretaria General (Fontanillas y Martínez, 2014: 50-51).
Cuando el fin de la guerra se aproximaba, Lucía (y Mery) se instalaron brevemente, representando a la SIA, en Perpiñán (enero de 1939), expulsada en febrero por el Prefecto de esta localidad se trasladaron a París para continuar con la labor de SIA. La entrada de los alemanes en París las expulsó hacia el sur y llegaron a Montauban a principios de 1940, a finales de 1942 partieron de esta localidad hacia España por el riesgo de caer en manos de la policía de Vichy o de los alemanes (Fontanillas y Martínez, 2014: 59).
Se instalaron en Madrid  y se ganaron la vida en trabajos precarios, Lucía estaba indocumentada (y así vivió durante diez años) y era Mery la que daba la cara y entregaba el trabajo. Temiendo ser localizadas se trasladaron a Valencia en 1944 y cuando Lucía logró tener documentación trabajó en empleos mejor pagados. La soltería de ambas y el mantenimiento de su compromiso afectivo y sexual fueron un desafío y un reto cotidiano por la red de delatores e informadores policiales que velaban por la aplicación de los principios morales del régimen. Pese a ello mantuvieron su estilo de vida independiente con empleos remunerados.
Lucía nunca dejó de escribir versos, en sus últimos poemas hizo balance reconociendo sus fracasos: has jugado y perdiste: eso es la vida, pero a la vez afirmando la exaltación de vivir y la entrega apasionada a un ideal: ganar o perder no importa nada/ lo que importa es poner en la jugada/una fe jubilosa y encendida [10].
La vida de Lucía, igual que la de miles de mujeres comprometidas en el bando republicano, fue una lucha constante por negar la sumisión femenina a través de sus ideas y su comportamiento. Su compromiso decidido con la revolución y la emancipación femenina le llevó a ampliar los límites de lo posible y a soñar con otro mundo posible. El franquismo fue un duro correctivo para estas mujeres y, aunque mantuvo intacto su modo de vida, en si heterodoxo, la desesperanza debió hacer dudar a Lucía de la existencia de ese otro mundo posible por el que tanto luchó hasta su exilio, exterior primero e interior después. Quizás por eso, sobre su tumba, América mandó escribir: “Pero… ¿es verdad que la esperanza ha muerto?”, primer verso de “Sonetos de la desesperanza”.



[1] Arlette Farge (2008): Efusión y tormento. El relato de los cuerpos. Historia del pueblo en el siglo XVIII. Katz Editores, Madrid, p. 61. 
[2]Laura Vicente (2005): “Teresa Claramunt. Des de l’altre banda de la “perfecta casada”. La dona sotmesa al “tirano de blusa y alpargata”. Cercles, Universitat de Barcelona, 8. Laura Vicente (2006): “Los inicios del feminismo en el obrerismo catalán. Un folleto de Teresa Claramunt”. Arenal, 13.
[3] Laura Vicente (2006): Teresa Claramunt. Pionera del feminismo obrerista anarquista. Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, pp. 123-125. La obra fue estrenada en 1896.
[4] Federica Montseny (1938): “La mujer en la paz y en la guerra”, Conferencia celebrada en el Centro de Mujeres Libres. Publicaciones Mujeres Libres, Barcelona, p. 12.
[5] Sobre esta revista es interesante el libro de Dolors Marín i Silvestre y Salvador Palomar i Abadia (2006): Els Montseny Mañé un lanboratori de les idees. Publicacions de l’Arxiu Municipal de Reus, Reus. En la revista colaboraron escritores como Dorado Montero, Unamuno, Giner de los Ríos, Cossió, Azcárate, Benavente, Brossa o Clarín.
[6] Mary Nash (1975): “Dos intelectuales anarquistas frente al problema de la mujer: Federica Montseny y Lucía Sánchez Saornil”. Convivium, 44-45, pags. 73-99, p. 74.
[7] Sobre este tema ha escrito Dolors Marín (2010): Anarquistas. Un siglo de movimiento libertario en España. Ariel, Madrid, pp. 212-213.
[8] Lucía Sánchez Saornil (2014): Poeta periodista y fundadora de Mujeres Libres. Introducción y selección de Antonia Fontanillas Borràs y Pau Martínez Muñóz. Madrid, La Malatesta, pp. 27-30.
[9] Rosa Maria Martin Casamitjana (1992): “Lucía Sánchez Saornil. De la vanguardia al olvido”. DUODA, Revista d’Estudis Feministes, núm. 3, págs. 45-66, p. 48.

[10] Luz Sanfeliu Gimeno (2010): "Lucía Sánchez Saornil; una vida y una obra alternativas a la sociedad de su tiempo", en VV.AA.: Granada, treinta años después: aquí y ahora. Granada. Edita Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas, 2010, pp. 535-541. Consultado por internet, p. 6. http://www.feministas.org/IMG/pdf/Mesa_memoria_franquismo-_Lucia_Sanchez_Saornil.pdf


viernes, 3 de febrero de 2017

AFINIDAD ELECTIVA Y ANARQUÍA

Diversas ideologías y creencias religiosas se han fundamentado en una pretensión de totalidad y hambre de lo trascendente, necesitando  alimentar las mentes de sus seguidores/as de manera continuada a base de mitos. Todas ellas se han aprovechado (y se aprovechan) de la reserva emocional de los seres humanos, por ello  en sus actos y celebraciones, los participantes comunican y comparten valores (tierra, historia, ancestros, mitos, etc.) y emociones.

AGUSTÍN COMOTTO

La anarquía es justamente el rechazo de todo principio absoluto, de todo principio inicial, la anarquía es la afirmación de lo múltiple, de la diversidad ilimitada de los seres y de su capacidad  para pensar y construir un mundo sin jerarquías, sin dominación, sin mitos que supongan dependencias. Sin intentar convertir la libertad en otro absoluto, la anarquía busca la libre asociación de fuerzas radicalmente libres y autónomas que pueden mostrar la capacidad para expresar el poder de que son portadoras las personas. La anarquía busca liberar trabas, mitos y dependencias, permitiendo ir hasta el límite de lo posible.

La “afinidad electiva”[1] es una noción reinterpretada por el movimiento libertario que tiene, en parte, su origen en la novela de Goethe, Las afinidades electivas (1809), que pone en tela de juicio los fundamentos del matrimonio y le permitió a su autor reflexionar en torno a la moral, el dominio de sí y la alienación enfermiza causada por la dificultad de enfrentar las propias pasiones.
Las afinidades entre las personas toman en consideración el temperamento, las diferentes formas de sensibilidad, los diferentes rasgos de carácter  y las diferentes maneras de integrarse con los demás. La asociación debería ser el arte de despertar lo mejor de cada persona, descartando lo peor, la capacidad de movilizar recursos nuevos, positivos y portadores de libertad y de vida. Romper con los estereotipos y los roles impuestos requiere que se ponga a su servicio lo mejor de quienes se organizan por afinidad.

Ejemplos de afinidad electiva fueron los diversos grupos de Mujeres Libres/Libertarias de la época de la Transición que se asociaron en grupos de rebeldes, desobedientes y heterodoxas que indagaron y lucharon por buscar caminos no explorados.


 [1] Esta reflexión ha sido inspirada por la caracterización de este concepto que hace Daniel Colson (2003): Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Nueva Visión, Buenos Aires.

lunes, 23 de enero de 2017

HABLANDO, OTRA VEZ, DEL “PROCESO” EN CATALUÑA

Hace tiempo que he decidido desconectar del “proceso”, cosa nada fácil viviendo en Cataluña. Pasar pantalla, aislarme de la propaganda en un acto de desobediencia individual que, desde los medios de comunicación subvencionados por el poder en Cataluña, nos sumerge en una realidad inexistente[1]. En Cataluña, la postverdad hace cuatro años que se práctica en su máxima expresión, provocando que una parte importante de la población (no llega al 50% pero se aproxima) se considere mayoría y actúe como tal, logrando que muchas personas prefieran moverse por sentimientos patrios y por emociones nacionales y no por realidades objetivas.

El alud de publicaciones (en forma de ficción, ensayo, historia, etc.) tratando de hacer patria y demostrando el victimismo de Cataluña construyendo mitos sin realidad, me condujo a la desconexión de manera radical hace meses.
Sin embargo, Guillem Martínez es un periodista que me ofrece ciertas garantías de objetividad y decidí reconectar para leer su libro, La gran ilusión. Mito y realidad del proceso indepe. Se trata de un libro breve de poco más de doscientas páginas, un libro de divulgación de algunos aspectos que componen el mito, la ilusión del “proceso”.


El primer capítulo, “Pequeña historia de un país que fue un volcán, un mar interior”, no parecía augurar nada bueno. Resulta sorprendente que un periodista se lance a sintetizar en 50 páginas la historia de Cataluña desde el neolítico hasta la actualidad, algo complicado para cualquier historiador/a, una quimera para quien no lo es. Esas cincuenta páginas son un despropósito conceptual en el que se utilizan conceptos como pueblo, democracia, protodemocracia, partidos, prorrepublicano, etc., que él mismo reconoce en momentos determinados que no son palabras históricas[2]. Comete el error habitual de hablar de Cataluña y no de Corona de Aragón reiteradamente cuando habla de 1714 (con otras fechas para la derrota del resto de territorios de la Corona de Aragón en la guerra de sucesión). Y en fin, errores diversos entre los que me dejó sin aliento la afirmación de que en España se logró la jornada laboral de ocho horas siendo la más tardía de Europa[3], cuando por una vez es justo lo contrario.
Por fortuna no me desanimo con facilidad y continué leyendo. El resto del libro se centra en repasar el periodo  que va entre 1979 y 2010, periodo en que se instauró la democracia y dos estatutos, y a partir de ese año el periodo de austeridad (2010-2012), el primer “proceso” (2012-2015) y el colofón del segundo “proceso” (2015-2016). Con cierto detalle el autor hace un repaso del problema territorial en España en relación, especialmente, con Cataluña, el papel de CIU y de Jordi Pujol para favorecer la gobernabilidad a cambio de convertir Cataluña en su feudo para poder hacer negocios no siempre limpios, imponiéndose la corrupción y la construcción de mitos. En este sentido el autor ha olvidado el importante papel que cumplió la enseñanza en dicha construcción de mitos además de la estructuración de un sistema educativo que nunca ha respetado el bilingüismo en Cataluña, único caso en el mundo y contrario a las directrices dadas al respecto por la ONU en relación al respeto de la lengua materna como lengua de aprendizaje en la educación primaria.
La crisis económica, el movimiento 15 M, la crisis de los partidos que habían protagonizado el periodo político que se inició con la llamada “Transición” y el viraje de CIU para auto construirse como partido nuevo, independentista y guía del “proceso”. Un recorrido interesante y ajustado a la realidad que, en general, no suele ser habitual en las muchas publicaciones que, como ya he dicho, han inundado el mercado editorial catalán, más predispuesto a hacer patria que a la objetividad.
Sin embargo echo en falta algo fundamental en el libro de Martínez, ¿dónde está la población silenciada en el “proceso”? Me refiero a la población de izquierdas, mucha de ella viviendo en los barrios obreros de las grandes ciudades catalanas, que ha quedado huérfana, a veces de manera escandalosa, en los medios de comunicación, en las instituciones y en los partidos de izquierda, por su posición contraria al “proceso”. En Cataluña a este sector que compone la mayoría de la población, desmovilizada pero obstinadamente renuente a votar la propuesta independentista, le identifican el anonimato y el silencio excepto cuando se siente seguro entre gente de confianza. De este tema hablé extensamente en un texto con el título de “Cataluña, república de eufemismos” para no extenderme más ahora.

Un libro, por tanto, que puede aportar algo de objetividad y luz al tema del “proceso” si obviamos la parte histórica que es deleznable y el silencio sobre la parte de la población, no se olvide, mayoritaria, que no ha participado en “la gran ilusión”.



[1] Palabras en cursiva, unas entre otras muchas de las que los “medios de comunicación” gubernamentales han convertido en un mantra, desnaturalizando su significado (como el caso de la desobediencia civil).
[2] Guillem Martínez (2016): La gran ilusión. Mito y realidad del proceso indepe. Debate, Barcelona. Por ejemplo en la página 31 respecto a la palabra “democratización” aplicado a instituciones estamentales del Antiguo Régimen. O en la página 32 dónde se habla de constitucionalismo aragonés.
[3] En la página 53.

viernes, 13 de enero de 2017

SVETLANA ALEXIEVICH, Voces de Chernóbil. Crónica del futuro.
Hacía tiempo que no me impresionaba tanto un libro, la lectura de El fin del “Homo sovieticus” no me había preparado para afrontar estas Voces de Chernóbil.

Chernóbil es un enigma que aun debemos descifrar. Un signo que no sabemos leer. Tal vez el enigma del siglo XXI. Un reto para nuestro tiempo. Ha quedado claro que además de los desafíos comunista y nacionalista y de los nuevos retos religiosos entre los que vivimos y sobrevivimos, en adelante nos esperan otros, más salvajes y totales, pero que aún siguen ocultos a nuestros ojos. Y, sin embargo, después de Chernóbil algo se ha vislumbrado (45).



Algunas impresiones:

1
Chernóbil muestra la capacidad para la destrucción total, más allá de Auschwitz está Chernóbil, un accidente nuclear que mata todo a su paso. La destrucción salvaje y total. Una destrucción que no se asemeja a la guerra, la medida del horror siempre. Con Chernóbil ha empezado la historia de las catástrofes (48) en la que el mal no da explicaciones e ignora cualquier ley. Chernóbil nos propone un punto final. Se apoya en la nada (53). Toda la Tierra está en peligro.

2
Chernóbil (1986) mostró hasta donde había llegado el comunismo, ese sistema (distópico) del que este año se cumplen cien años. Un sistema totalitario que produjo el “homo sovieticus”, un hombre capaz de ir a la muerte desinformado y alardeando de patriotismo y de la capacidad para hacer hazañas imposibles. Crédulo de las mentiras oficiales y sin capacidad de reacción. El socialismo, dice uno de los entrevistados, es una mezcla de prisión y jardín de infancia (…) El hombre entregaba al Estado el alma, la conciencia, el corazón, y a cambio recibía una ración (217).

3
El accidente nuclear mostró la crueldad de un sistema que fue capaz de enviar a miles de personas a una muerte segura. Los liquidadores fueron las principales víctimas, eran los que trabajaban en el reactor sin protección alguna y con la más elemental falta de derechos. En la liquidación de las consecuencias de la avería se destinaron, en total, 210 unidades militares: cerca de 340.000 militares.

4
La insignificancia de la vida humana. Los hombres eran para ellos [para los comunistas] polvo, el estiércol de la historia (339). La historia omitida. El engaño del sistema a quienes se vieron obligados a hacer frente al accidente.  Se engañaba a la gente y la engañaba el Estado, una institución en la que se había enseñado a creer y a temer. Con Chernóbil explotó todo el sistema de valores que había construido el comunismo.

5
El fatalismo ruso, ¿para qué hacer nada si las cosas irán como han de ir?, el destino está fijado. Relatos desoladores de enfermedad, sufrimiento extremo y muerte. De los diez millones de personas que viven en Bielorusia, más de dos millones viven en tierras contaminadas.

6
La ciencia mostró que estaba al servicio de la política, que no se podía confiar en ella, que primaba el corporativismo por encima de la verdad. Espectacular el “Monólogo acerca del poder ilimitado de unos hombres sobre otros” del exdirector del Instituto de Energía Nuclear de la Academia de Ciencias de Belarús (356-366).

7
Voces de Chernóbil tiene vocación de escribir y recoger la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras de la gente común y corriente. Hablan las víctimas. Habla la vida cotidiana del alma (44).

martes, 3 de enero de 2017

FANATISMOS

Amos Oz realiza una reflexión lúcida sobre uno de los problemas de nuestro tiempo: el fanatismo. En tres conferencias dadas en 2001 y 2002, el autor habla de fanatismo pero habla de muchas otras cosas, especialmente, del conflicto entre Israel y Palestina y de  propuesta de paz para solucionarlo. Los títulos de estos escritos son significativos: “Sobre la naturaleza del fanatismo”, “Sobre la necesidad de llegar a un compromiso y su naturaleza” y “Sobre el goce de escribir y el compromiso”.


Oz empieza fuerte en su primer escrito cuando afirma que el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana, un gen del mal (13). El fanatismo puede aparecer al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo. Inmediatamente  aparece el traidor: es cualquiera que cambia (19). El fanático/a se cree en posesión de la verdad, mucho más si su posición viene avalada por Dios, con mayúsculas. Por tanto, siempre deseará que el que no forma parte de los privilegiados creyentes (no me refiero solo a creyentes religiosos, pueden ser creyentes de otras ideas de lo absoluto, desde el nacionalismo a los partidarios de revoluciones varias) cambie de opinión y se una a sus creencias. Por lo mismo no aceptaran a quien estando en la creencia, se distancia y adopta posiciones diferentes, para ese tienen la condena: TRAIDOR/A.

Otros factores o actitudes pueden conducir al fanatismo: la conformidad y uniformidad, la urgencia por “pertenecer a”; en segundo lugar, el culto a la personalidad y la idealización de líderes políticos o religiosos.
El conflicto entre  Israel y Palestina no es un conflicto interno, nos dice Oz, sino que es internacional. Tampoco es una guerra religiosa. No es más que un conflicto territorial (30), por ello se podría solucionar más fácilmente que de mediar creencias.

En la segunda conferencia, el autor señala que ambas comunidades, israelitas y palestinos, tienen un gran problema porque ambos se creen con derecho a la tierra en que habitan, ambos consideran el mismo pequeño país como su única patria. La única forma de arreglar ese conflicto es a través del acuerdo con un compromiso doloroso para ambas partes porque ambos tendrán que ceder.

Tanto los palestinos como los israelitas son las víctimas del mismo enemigo: Europa. Amos Oz no se siente europeo ni simpatiza con Europa pese a sus raíces familiares europeas. Europa con la colonización de Oriente Próximo y Europa con el Holocausto ocasionaron graves problemas a ambos pueblos.  Pese a esta coincidencia, el acuerdo es muy difícil porque israelitas y palestinos no ven al otro tal y como es, solo ven estereotipos cargados de odio.
La propuesta de Oz es abrir una negociación para crear dos Estados.

El autor marca distancias con los movimientos pacifistas europeos, él no se considera pacifista en el sentido sentimental de la palabra, ya que si hiciera falta lucharía por la vida y la libertad, por nada más. El pacifista europeo marca la guerra como el mal supremo, sin embargo para Oz, el mal supremo es la agresión. Pese al papel negativo de Europa en la zona, el autor reflexiona sobre lo importante que fue este continente para las familias de la mayoría de los israelitas (incluida la suya).

Cuenta Amos Oz que su padre cuando vivía en Europa antes de la II Guerra Mundial veía pintadas y carteles con la frase: “Judíos fuera de Europa, judíos a Palestina”, cuando viajó años después de la guerra a Europa, vio pintadas y carteles con la frase: “Judíos fuera de Israel”. ¿Adónde pertenecen los judíos? se pregunta Oz…

Respecto a la lectura, afirma Oz, que los israelíes leen mucho, más que cualquier otra nación excepto los islandeses, sin embargo no leen novelas para disfrutar, leen para enfadarse, leen para iniciar una polémica. Ahí dejo esa interesante afirmación de Amos Oz, no creo que sean los únicos lectores/as que lo hacen, ni creo que sea totalmente negativo el afán de polemizar.


Un librito muy recomendable: AMOS OZ, Contra el fanatismo.